por Feliciano Castro Loya
29/05/2026 15:16 / Uniradio Informa Baja California / Sociedad / Actualizado al 29/05/2026
Dirigencias de partidos de oposición, las peores en su historia
Contrapesos surgirán de rupturas internas en Morena y de la sociedad civil
Debe gobierno federal rectificar curso emprendido de concentración del poder
Programas sociales federales requieren filtros y criterios claros
Libro "1994", respuesta a inconsistencias en serie homónima de Netflix
Muchos comandantes de DFS o Brigada Blanca fueron luego jefes del narco
A José Negrete Mata lo invité personalmente a la LC23S; su "no" fue sensato
Por Feliciano Castro Loya
Tijuana, B. C.- Que el gobierno federal domine a los tres poderes de la unión es un retroceso en el avance democrático y genera un Estado omnipotente, sin límites ni contrapesos, más cuando los partidos de oposición tienen las dirigencias peores de su historia, las más desprestigiadas y más contaminadas de corrupción.
Lo anterior es parte de las opiniones vertidas en Tijuana por el escritor y analista político Gustavo Adolfo Hirales Morán, militante de la izquierda mexicana desde 1966 y participante de la lucha armada en México, al ser uno de los fundadores de la Liga Comunista 23 de Septiembre, motivo por el cual fue encarcelado en 1973, permaneciendo siete años como preso político.
Tras ser liberado, en 1980, se reintegró a la militancia de izquierda, primero en el Partido Comunista Mexicano (PCM), luego en el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) y finalmente en el Partido Socialista Mexicano (PMS), llegando a ser parte de las directivas nacionales de los tres partidos. Cuando se creó el Partido de la Revolución Democrática (PRD), en 1989, decidió no afiliarse.
En 1991, inició una trayectoria en el servicio público, primero en el Programa Nacional de Solidaridad y luego como uno de los fundadores del Instituto Nacional de Solidaridad (INSOL), en el periodo 1992-1993. Después ocupó cargos como: asesor de la Presidencia de la República durante las Pláticas de Paz con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN); asesor de la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados y responsable del Área de Contenido en Comunicación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).
Es autor de varios libros sobre la historia política contemporánea de México, como "La Liga 23 de Septiembre, orígenes y naufragio"; "Memoria de la Guerra de los Justos"; "Los desaparecidos de la Guerra Sucia"; "El complot de Aburto"; "1994 (El Huevo de la Serpiente). Poder, corrupción, crimen y delirio", y uno más a punto de salir: "Ayotzinapa, la falacia del crimen de Estado"; además, ha sido columnista de los diarios El Nacional y Uno más uno, así como de las revistas Nexos y Etcétera.
Originario de Mexicali, Gustavo Hirales volvió a su estado natal hace unos días, invitado por la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California en el Campus Tijuana, en donde impartió la charla "Baja California en el contexto de la lucha armada y la Guerra Sucia".
A decir de los organizadores, la conferencia buscó abrir un espacio de reflexión histórica sobre los movimientos armados y la llamada Guerra Sucia, así como sus repercusiones en la vida política y social del país, incorporando además la perspectiva y experiencia de un protagonista directo de estos procesos históricos.
Entre el público, destacó sobremanera la presencia del ingeniero Luis López Moctezuma Torres, quien además de haber ocupado diversos cargos en el gobierno federal y estatal, fue rector de la UABC en el periodo 1971-1975, dando gran impulso a la oferta académica, con la apertura de las escuelas de Derecho y Medicina, en el Campus Tijuana, así como la de Ciencias Veterinarias, en Mexicali. También se observó al connotado profesor, investigador y autor de varios libros Marco Antonio Samaniego López, quien cursó su doctorado en el Colegio de México y ha sido dos veces director del Instituto de Investigaciones Históricas de UABC.
En esta entrevista, realizada al término de su conferencia, Hirales Morán comparte su perspectiva acerca de la situación actual del país, rememora algunos momentos emblemáticos de su lucha y destaca la necesidad de que el gobierno federal rectifique no sólo la ruta que ha emprendido hacia la concentración del poder, sino el curso actual del gasto presupuestal en "elefantes blancos" y en un "asistencialismo social sin criterios claros".
Gustavo Hirales es uno de esos personajes noticia con los que un periodista puede conversar y sentir que tiene el privilegio de palpar a mano limpia trozos de la historia política del país, piezas de un rompecabezas que continúa abierto, como las heridas de 1968, de 1971 o de 1994.
Un rompecabezas que se arma sin su caja, que se forja día a día, como el sueño de la democracia mexicana, que se mantiene de pie, combativo, a pesar de los agravios de su historia, de los fantasmas del pasado y de un presente con asomos de un autoritarismo que parecía haber quedado atrás y hoy se empeña en volver.
Maestro Gustavo Hirales, muchas gracias por esta entrevista. ¿Con qué se queda de lo que conversó hoy con los estudiantes?
El tema eran los grupos armados que surgieron en Baja California, más que los grupos, los militantes. Por ejemplo, varios de los miembros de los grupos armados que surgieron de aquí de Baja California, al mismo tiempo fueron destacados dirigentes estudiantiles, como el mismo (José Negrete) Mata, que no fue a la guerrilla, pero que sí fue dirigente estudiantil. O mi primo Jorge Sánchez Hirales, que era presidente de la Sociedad de Alumnos de la prepa de Mexicali. O mi hermano, que también fue dirigente en la Escuela de Ciencias Sociales, mi hermano es el "Pachis", Sergio Hirales, y todos ellos participaron en las luchas por los terrenos de la universidad. El "Chelis", que se llamaba, porque ya murió, José Luis Alonso Vargas. Todos ellos fueron de los que surgieron aquí de Baja California, Carlos Ceballos.
Básicamente de eso venía a hablar, pero esto te obliga a remontarte a los orígenes y los orígenes son por qué. Antes de ser guerrilleros qué fuimos, qué hicimos, en dónde estábamos y luego qué nos influyó para llegar a la guerrilla, o sea, el movimiento del 68, la represión, el 10 de junio, Echeverría, etcétera.
El ingeniero (Luis) López Moctezuma me recordaba algo que yo casi ya no me acordaba: La vez que en la campaña de Echeverría, mi hermano, mi primo y otros se subieron a la tribuna allí en donde estaba Echeverría, el candidato, y mi hermano tira al suelo, en un gesto muy espectacular, una copia de la Ley Orgánica de la Universidad y dice: "Allí está para que la acaben de pisotear". Ahorita el ingeniero me estaba recordando. Y le dije: Yo no me subí a la tribuna porque yo no era estudiante y me hubieran metido al bote en aquel entonces [Risas].
¿Eso fue en?
Fue en el año 69, en un edificio de la universidad en Ensenada, pero no me acuerdo en qué edificio era.
¿Y el acto de protesta de tirarla al piso era por el tema de..?
Por el tema de que no se debían hacer actos políticos en la universidad y Echeverría vino a hacer campaña a la universidad. Entonces nosotros le brincamos.
No, eso fue un escandalazo en su momento, salió en todos los periódicos nacionales y locales [Risas], y afortunadamente no detuvieron a nadie.
¿Y allí estaba el ingeniero López Moctezuma?
Allí estaba él, que era del PRI en ese tiempo y andaba en la campaña [Risas].
Entonces habló de la lucha armada...
Hablé de la lucha armada, de los que fuimos a la lucha armada, de cómo se formó la Liga Comunista 23 de Septiembre, de cómo se descompuso, de la Guerra Sucia. Yo en un momento dado planteé que la descomposición de la Liga entró en una cierta sincronía con la descomposición de la Policía Política, sobre todo de la Dirección Federal de Seguridad y de la Brigada Blanca, cómo muchos jefes de la policía se hicieron capos del narcotráfico. O sea, muchos de los que después fueron jefes o subjefes del narco habían sido comandantes de la Dirección Federal de Seguridad o de la Brigada Blanca.
¿Y cómo lo ve en retrospectiva? ¿Qué podemos rescatar de ese ímpetu, de esa lucha, de esos ideales en un México como el actual?
Sí, comentamos que básicamente lo que hacíamos algunos, [era que] convocábamos a resistir. ¿A resistir qué? A resistir las medidas antidemocráticas del gobierno, las medidas autoritarias. Hay cosas que hace el gobierno con las que yo estoy de acuerdo, pero hay muchas otras cosas que no, como esto de concentrar todo el poder, de subsumir a los poderes de la unión, liquidar a los organismos autónomos, quedarse con todo el dinero de los fideicomisos e invertirlo a lo mejor bien, a lo mejor mal, no lo sabemos, porque todo es oscuro.
¿Eso es como anti izquierda no?
Es correcto, esos aspectos son muy anti izquierda democrática, son propios de una izquierda estalinista y de una izquierda populista.
Y de esta polémica de los programas sociales que, quizás a simple vista, todos podríamos estar a favor de apoyar a los grupos vulnerables, jóvenes, personas adultas mayores, pero también es criticado por muchos el asistencialismo. ¿Qué opina de los programas sociales en este periodo?
Claro, yo creo que es un asistencialismo populista, ¿Por qué? Porque en otros países también hay asistencialismo, también hay apoyos, pero están mucho más calibrados. O sea, no es te doy dinero y dejo de lado la educación y la salud, sino te doy una especie de estipendio universal, pero al mismo tiempo te garantizo salud, educación, o sea, lo que es básico que el Estado debe proporcionar, porque nadie más lo va a proporcionar. O sea, ¿Que acaso la iniciativa privada va a proporcionar la salud pública?, ¿O la educación pública? Ellos tienen su propia salud y su propia educación, pero para la masa de la población eso no llega, entonces el Estado debe preocuparse no solo de dar dinero, que puede ser un apoyo importante, pero sin lo otro, queda como una silla con tres patas.
¿Hay una forma en que el actual gobierno podría enderezar el barco?
Pues podría, pero es muy difícil, porque implica primero reconocer que está mal el curso emprendido de concentración del poder. Segundo, reconocer que el curso actual del gasto presupuestal en elefantes blancos y en asistencialismo social sin criterios claros, pues va a desembocar en un momento -más pronto que tarde- en un desfonde de las finanzas públicas, y entonces ni para unos ni para otros.
Debería entonces haber un filtro en esos programas...
Debería haber filtros, sin dejar de ser universales. Es que ahora están ampliándolos. Y ahora estos, y ahora estos, como si los fondos públicos no tuvieran límite.
Y entonces se llenan la boca: "Y ahora les vamos a dar a estos". ¿Y de dónde va a salir ese dinero?, ¿Y a qué le estás quitando para darle a estos? Y hay otro problema que está en el aire y que la presidenta no quiere ni siquiera examinar y es el de una reforma fiscal, prefieren llevar el baile en paz con la iniciativa privada, siempre y cuando les dejen hacer lo que les dé su gana.
¿Y esa reforma qué enfoque debe tener?
La reforma fiscal debe ser, como en todas partes, es una reforma fiscal, gravar a los que más tienen para los servicios sociales del Estado.
Usted defiende mucho, obviamente, lo que se logró con el 68, el avance democrático, incluso su propia libertad y lo que aportó el movimiento en general, el 71 también, pero ¿En qué momento sitúa al país? ¿Hay una idea de retroceso?
Ha habido un retroceso muy fuerte. O sea, el Estado, el gobierno, ha capturado todos los centros del Estado importantes, todos los aparatos neurálgicos, los poderes de la unión, sobre todo, y a partir de eso no tiene contención. O sea, cuando tú como gobierno dominas el Poder Judicial, dominas el Poder Legislativo, dominas tu propia estructura, que es inmensa, y sometes a los estados, por las buenas o por las malas, finalmente qué tienes, un Estado omnipotente que no tiene límites porque no tiene contrapesos. Entonces pueden hacer bien y pueden hacer mal, y quién los para.
¿Y ese contrapeso o esa oposición cree que va a venir de afuera, de otros partidos o tendría que surgir del mismo movimiento de Morena?
Yo creo que va a surgir de varias fuentes. Desde dentro mismo de Morena va a haber rupturas, no sé cuándo ni de qué tamaño ni si van a ser buenas, para bien o para mal. Y desde afuera, la sociedad civil, los partidos. Que la parte peor de todo esto son los partidos, porque están muy, muy desprestigiados y con buenas razones.
¿No se ve por dónde?
No, las dirigencias de los partidos de oposición son las peores que han tenido en la historia, las más desprestigiadas, las más contaminadas de corrupción.
¿Es tiempo de los ciudadanos?
Es tiempo de los ciudadanos y que los ciudadanos puedan fortalecer aquellos instrumentos que les permitan avanzar.
Su libro más reciente, aunque ya hay otro a punto de salir, es "1994 (El Huevo de la Serpiente). Poder, corrupción, crimen y delirio ¿Quisiera hacer algún comentario sobre su libro?
Sobre mi libro yo lo único que digo es mi versión sobre el 94, que la opongo a la versión de la serie de Netflix. De hecho, yo escribí este libro para contestarle a la serie de Netflix.
¿Detecta usted algunas inconsistencias o anacronismos?
Muchísimas, o sea, lo principal de la serie de Netflix, que yo impugno es que le dio voz a protagonistas o bien secundarios, o bien principales, pero que no los obligó a decir la verdad, sino que los dejó a su libre albedrío. Por ejemplo, a Carlos Salinas, al mismo Raúl Salinas, o sea, como si fueran inocentes palomitas los trataron, que nada los molestara. Y gente que fracasó rotundamente, como Antonio Lozano Gracia, de repente sale a decir, que no, que yo hice... Oye, cabrón, si tú saliste con la cola entre las patas, fue una verdadera pantomima lo que hiciste como procurador. O Federico Arreola, que su única gracia es que era amigo de Colosio y de repente es el principal vocero del 94, pues por favor.
Tiene que ver, supongo, con quiénes están detrás de la serie.
Claro, tiene que ver, pero resulta que la serie la armaron gente que yo respeto como este periodista de Monterrey (Diego Enrique Osorno), que ha escrito mucho sobre narcotráfico, joven, muy conocido, y la hija de Pepe Woldenberg, que es mi amigo. Se sintió ofendido Pepe Woldenberg cuando yo digo que escribí el libro porque me indignó la serie. Dice "es que mi hija estuvo allí"; sí, le digo, pero yo no lo escribí contra tu hija, lo escribí contra el que hizo el guión y dictó el tono de las entrevistas.
¿Cómo podemos criticar a la actualidad sin que eso parezca elogiar al pasado?
Ese es el punto, es un punto muy fino.
¿Cómo hacerlo? Ahorita lo escucho a usted hacer una crítica al salinismo, pero también al lopezobradorismo. ¿Cómo encontrar ese equilibrio?
Yo intento encontrarlo en mis libros y en mis intervenciones. Que yo no tengo muchas tribunas, yo tengo nada más mis libros y las redes sociales, y ni siquiera las redes sociales las ocupo todas, sino que básicamente en Facebook estoy.
Veo que en la portada de su libro aparecen dos personajes claves de la política mexicana contemporánea: Carlos Salinas de Gortari y Andrés Manuel López Obrador, ¿Eligió estos dos personajes por las narrativas de ambos?
¿Te digo la verdad? Yo no los escogí, no los elegí, los eligió el editor.
Es muy buena decisión creo, editorialmente hablando.
Yo hubiera puesto otra, pero no me consultó [Risas].
Creo que fue un atino, en términos del atractivo del libro.
Sí, es atractivo, desde el punto de vista así noticioso, más bien, más que noticioso, de una portada simbólica.
Lo voy a leer, pero "El huevo de la serpiente", ¿Tiene algo que nos pueda adelantar de esa metáfora?
Yo digo que allí se gestaron los vínculos entre el poder político y el crimen organizado, pero es una idea que no tiene mucho fundamento en las pruebas, sino en las intuiciones. Pero tampoco digo que sea un hecho, sino que tengo la impresión, tengo la intuición.
¿No vamos a regresar a vivir algo como el 68 o sí existe el riesgo?
No creo.
Es otro país.
No, y este gobierno, pese a todo, tiene mucho tacto con lo de reprimir, reprime de otras formas, no físicamente.
Sobre el doctor José Negrete Mata,
Que fue un gran compañero, muy amable, muy cálido, muy querido como amigo, muy comprensivo. Él era confidente mío y yo era confidente de él. Digo, nos veíamos poco, pero cuando nos veíamos y nos echábamos nuestros tragos, abríamos nuestros corazones el uno al otro. Y como militante, como político, fue muy criticado porque se acercó al PAN, pero a mí eso no me asustaba, eran tiempos en que se caían muchos paradigmas y se valía buscar políticamente referentes.
Muchos creen que no fue incongruente, que era congruente con sus ideas socialdemócratas.
Sí.
¿Cómo él pasa de estudiante a las Juventudes Comunistas? ¿Usted lo invitó?
No, yo lo conocí en la Juventud Comunista, alguien lo invitó pero no recuerdo quién y él estaba en otra prepa que no era la misma donde yo estaba. Yo lo conocí en la Juventud, no lo conocí en la escuela.
¿Usted entró antes a la Juventud Comunista creo?
Yo entré en el 66 y creo que él también entró en ese año... Y nos hicimos muy cuates. Y después estuvimos juntos en México. Luego él se regresó y yo lo veía esporádicamente.
¿Y él no quiso participar en la guerrilla?
No, fue de los que yo invité personalmente y él dijo: no, está muy complicado [Risas]. Yo nunca lo critiqué por eso y a mí se me hizo una respuesta sensata. Y ahora veo que nosotros éramos muy aventureros y que la gente sensata su reacción primera era, a pesar de la empatía, "no le entro".
Y eso marca el resto de la vida de él, en el plano académico... Yo sé que usted no se arrepiente de la decisión que tomó...
No me arrepiento, pero si pudiera revisarla, la revisaría [Risas]
Es que eran otros tiempos y ustedes encontraron esa salida como la única ya en ese momento.
Sí, o sea, no era la única, pero quisimos creer que era la única.
Después del 68
Después de las represiones bárbaras del gobierno, no solo bárbaras, sino hipócritas. Yo creo que era lo que más nos indignaba: tirar la piedra y esconder la mano.
Tenemos un bulevar aquí llamado Gustavo Díaz Ordaz...
A ver cuándo... porque ya han llegado varios gobiernos de Morena y ni lo han tocado [Risas]