Eiza González habla sobre su lucha con los trastornos alimenticios
Eiza González ha compartido por primera vez con profundidad y sin filtros su lucha contra los trastornos alimenticios, una batalla personal que comenzó en su adolescencia y que ha marcado de manera significativa su relación con su cuerpo y su salud mental.
La actriz, de 36 años, utilizó sus redes sociales en el contexto de la Semana de Concientización sobre los Trastornos Alimenticios para abrir su corazón y enviar un mensaje de esperanza a quienes enfrentan desafíos similares.
González relató que su relación complicada con la comida y su cuerpo se remonta a una etapa muy temprana de su vida, tras la muerte repentina de su padre, un evento traumático que la llevó a lidiar con el dolor y la tristeza a través de la comida.
Recordó que, para cuando tenía 13 años, había ganado más de 13 kilos en un corto período, una experiencia que combinó el duelo, los cambios naturales de la pubertad y la confusión emocional propia de la adolescencia.
Contó que a los 15 años fue lanzada al ojo público con papeles en televisión y música, lo cual expuso su imagen a un escrutinio constante. Cada fotografía, comentario o apariencia en eventos era analizado con lupa por críticos, seguidores y medios, lo que exacerbó una profunda dismorfia corporal y la obsesión por su peso como medida de aprobación personal.
La mexicana compartió que, durante años, se encontró midiendo su valor en kilos, preguntándose si perder más peso la haría más querida por los demás o incluso más capaz de quererse a sí misma. Esta presión externa, sumada a sus propios sentimientos de inseguridad, la llevó por un camino doloroso en el que la validación ajena parecía más importante que su bienestar.
Con el paso de los años y a través de un proceso personal de autocuidado, reflexión y apoyo profesional, Eiza González ha aprendido a redefinir su relación con su cuerpo y su salud.
Hoy en día, afirma que su enfoque ha cambiado y que prioriza la salud física y mental sobre los estándares externos de belleza.
También enfatizó que sanar no significa que el camino esté completamente recorrido, sino que implica un compromiso diario con el bienestar propio.
Ahora se concentra en alimentar su cuerpo con amabilidad, cuidado y respeto, y en cultivar una relación fundada en la autoaceptación y el amor propio.