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¿Audífonos al límite? El riesgo silencioso para la audición

El volumen excesivo puede dejar daños permanentes.

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Audífonos Archivo

por El Universal

20/08/2026 17:49 / Uniradio Informa Baja California / Salud / Actualizado al 20/08/2026

En el mundo moderno, los audífonos se han convertido en un accesorio indispensable para la vida cotidiana. 

Los utilizamos para trabajar en espacios ruidosos, ejercitarnos, tomar llamadas o aislarnos del entorno mediante tecnologías de cancelación de ruido. 

Sin embargo, este hábito constante de consumo sonoro directo en el canal auditivo está transformando de manera silenciosa la salud de la población.

Históricamente, explica la Dra. Sandra Lucía Velázquez Rodríguez, especialista en otorrinolaringología del Centro Médico ABC, la pérdida de audición se asociaba de forma casi exclusiva al envejecimiento natural o a la exposición laboral a maquinarias pesadas; hoy en día, los consultorios médicos reciben a pacientes cada vez más jóvenes con signos de deterioro auditivo antes reservados para adultos mayores.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que más de 1,000 millones de jóvenes a nivel global corren el riesgo de sufrir pérdida auditiva evitable debida a prácticas de escucha no seguras.

Entender cómo funciona la anatomía del oído, de qué manera el impacto acústico prolongado causa estragos a nivel celular y qué medidas prácticas se pueden tomar para prevenir daños irreversibles es fundamental para preservar nuestra capacidad de escuchar a lo largo de toda la vida.

 

El impacto del volumen y el tiempo: ¿por qué los audífonos dañan la audición a temprana edad?

Para comprender el daño ocasionado por el uso inadecuado de tecnología de audio personal, es necesario entender el mecanismo interno de la audición. 

El oído interno alberga la cóclea, una estructura en forma de caracol llena de líquido y recubierta por miles de microscópicas células ciliadas. 

Estas células son las encargadas de convertir las vibraciones sonoras en impulsos eléctricos que el cerebro interpreta como sonido.

A diferencia de otros tejidos del cuerpo humano, las células ciliadas no se regeneran. 

Cuando una persona expone sus oídos a sonidos de alta intensidad, el impacto mecánico de las ondas sonoras sobre estimula estas células, provocando que se fatiguen, se deformen y, eventualmente, mueran.

La clave de este problema radica en la combinación de dos factores críticos: la intensidad del volumen (medida en decibelios) y el tiempo acumulado de exposición. 

El oído humano está diseñado para procesar sonidos ambientales diarios de entre 30 y 60 decibelios (dB) sin experimentar desgaste significativo. 

Sin embargo, un par de audífonos intraauditivos a un volumen moderado-alto alcanza fácilmente entre 85 y 105 dB.

La exposición continua a sonidos por encima de los 85 dB durante más de ocho horas al día ya se considera riesgosa. 

Al subir el volumen a 100 dB, algo común cuando se busca opacar el ruido del tráfico o del transporte público, el tiempo seguro de escucha se reduce a tan solo 15 minutos continuos antes de que comience el micro trauma en la cóclea.

El formato de los audífonos in-ear agrava esta situación al colocar la fuente emisora extremadamente cerca de la membrana timpánica, concentrando la presión acústica en un espacio reducido sin dar margen a que el sonido se disipe de forma natural.

 

Síntomas de alerta y el peligro de los acúfenos (tinnitus) en jóvenes

Las señales de mala audición o deterioro auditivo provocado por el uso de audífonos rara vez ocurre de la noche a la mañana, indica la Dra. Velázquez. 

Se trata de un proceso gradual e insidioso en el que la persona se acostumbra paulatinamente a escuchar menos, adaptando su entorno de forma inconsciente antes de buscar ayuda profesional.

Uno de los primeros síntomas es la necesidad constante de subir el volumen de la televisión o dispositivos personales. 

Otro signo temprano es la dificultad para entender conversaciones en ambientes con ruido de fondo, ya que la pérdida inicial suele afectar primero las frecuencias altas, donde se ubican las consonantes de la voz humana.

Sin embargo, uno de los indicadores más alarmantes entre jóvenes es la aparición del acúfeno o tinnitus, manifestado como un zumbido, pitido o silbido constante o intermitente que no proviene del exterior.

El acúfeno es la señal biológica de que las células de la cóclea han sufrido un trauma y están enviando señales erráticas al cerebro. 

Un zumbido tras usar audífonos no es algo normal ni pasajero: es una advertencia de daño celular que, si se repite, terminará consolidándose como una pérdida auditiva permanente.

 

Prevención, hábitos de escucha seguros y el uso de la regla 60/60

La pérdida de audición inducida por ruido es irreversible, pero completamente evitable. 

Así, prevenir el deterioro no implica renunciar a la tecnología, sino adoptar hábitos de consumo responsable. 

Una de las estrategias más recomendadas a nivel internacional es la regla del 60/60:

•          Escuchar música a no más del 60% del volumen máximo del dispositivo.

•          Limitar el uso continuo a un máximo de 60 minutos, seguidos de un periodo de descanso auditivo de al menos 10 a 15 minutos en silencio.

Asimismo, la elección del tipo de auricular desempeña un papel trascendental. Los audífonos de diadema o circumaurales (over-ear) son más seguros que los modelos que se introducen dentro del oído. 

Además, optar por tecnología de cancelación activa de ruido permite aislar el sonido exterior sin la necesidad de incrementar el volumen a niveles peligrosos.

 

Conducción ósea: ¿una alternativa totalmente segura?

Los audífonos de conducción ósea han ganado popularidad en adolescentes y deportistas al transmitir el sonido mediante vibraciones aplicadas al hueso temporal, evitando la emisión directa en el conducto auditivo. 

Esto permite mantener el oído abierto y percibir sonidos ambientales.

Sin embargo, esta tecnología no elimina el riesgo de hipoacusia inducida por ruido: la energía vibratoria estimula la cóclea y, si la intensidad o duración son excesivas, dañará las células ciliadas de la misma manera.

Por ello, no deben considerarse intrínsecamente inocuos. 

Su beneficio potencial radica en reducir la tentación de subir el volumen en ambientes ruidosos, pero la prevención real depende de controlar la dosis acústica acumulada mediante el límite de volumen y descansos periódicos.

 

El valor del diagnóstico oportuno y la medicina preventiva

La Dra. Velázquez comenta que, a nivel social, la revisión de la salud auditiva suele postergarse hasta que el daño es severo. 

Adoptar un enfoque preventivo mediante una audiometría tonal permite al especialista identificar caídas leves en tonos agudos antes de que se perciba una limitación funcional.

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