Sociedad

VIDEO.- El rostro del acecho; la impunidad que mata en Baja California

Tabatha Wiggins documenta una pesadilla de 11 meses de hostigamiento digital y físico, donde el agresor utiliza tecnología avanzada para burlar más de 180 bloqueos telefónicos.
La impunidad que mata en Baja California Tabatha Wiggins
Alberto Elenes 21-04-2026

Activistas denuncian que Sergio Ulises "N" mantiene un patrón de conducta criminal desde hace 26 años, acumulando múltiples denuncias por exhibicionismo y amenazas sin que la Fiscalía logre detenerlo.

A pesar de existir una orden de restricción, el presunto agresor desafió la autoridad judicial realizando 60 llamadas a la víctima en plena audiencia frente al juez.

TIJUANA.- La tranquilidad de Tabatha Wiggins fue arrebatada el 21 de mayo de 2025. Lo que inició como un contacto profesional derivó en una persecución sistemática que ha rebasado las fronteras digitales.

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"Nos conocimos. Empezamos a platicar diez días, porque fueron diez días exactos, y de repente me invita a cenar y dije: 'Bueno, ¿qué puede pasar? Pues vamos a cenar aquí en Tijuana'. La verdad es que todo empezó normal, como una persona normal. Al final de la cena, el señor se puso muy intenso a decirme que yo fuera su novia. Me empezó a hacer preguntas sexuales y eso ya no me pareció; le dije: 'Eso no me está gustando, me siento muy incómoda, ya me voy a mi casa'. Me paro, nos vamos, nos despedimos y me planta un beso", comentó Tabata Wiggins, víctima.

A partir de entonces, Sergio Ulises "N" ha tejido una red de terror que incluye perfiles falsos donde simula una relación inexistente con la víctima, llegando al extremo de utilizar fotografías del hijo de Tabatha para amedrentarla.

"Hizo un perfil falso a los tres días, que me iba a casar con él. Me manda pornografía, molesta a mis amigas, molesta a mi familia, a mi hijo; o sea, jala fotos de mi hijo de sus partidos, de sus cosas de Instagram. Me mandó mensajes de que estaba afuera de mi casa. Ese día tuve que marcar al 911 para que me acompañaran y me escoltaran. ¿Qué necesidad tengo yo de que cada que quiero salir esté pendiente, insegura y con miedo?", mencionó Tabata Wiggins, víctima.

La impunidad que mata en Baja California

Pero Tabatha no es un caso aislado. Según la Fundación Manos Entrelazadas, el historial de Sergio Ulises "N" es un expediente de terror que data de 1999. A pesar de los antecedentes de exhibicionismo y hostigamiento contra diversas mujeres, el sistema de justicia en Baja California parece ir un paso atrás del agresor, permitiéndole operar en una impunidad que revictimiza a quienes se atreven a denunciar.

"No es Tabatha nada más; tengo conocimiento de otras dos chicas que ya levantaron la denuncia, que por cuestiones personales también se quieren mantener en el anonimato, pero ahí están las denuncias. No es una, no son dos, son varias. ¿Qué estamos esperando las autoridades? Tabatha ha documentado y llevado todo, captado en fotografías, en correos electrónicos, en audios completos y, literal, las palabras de la Fiscalía es que no son pruebas suficientes. ¿Qué Tabatha no esté aquí y que surja una ley con el nombre de Tabatha?", indicó Adriana Milanés, presidenta de la Fundación Manos Entrelazadas

La impunidad que mata en Baja California

El cinismo del agresor alcanzó su punto máximo en la sede judicial. Durante una audiencia, mientras se le instruía respetar las medidas cautelares, Sergio Ulises "N" realizó 60 llamadas al celular de Tabatha frente a los ojos del juez. Pese a este desafío abierto a la autoridad, el proceso avanza con una lentitud que angustia: Tabatha ha tenido que acudir a la Fiscalía en siete ocasiones solo para que sus pruebas sean recibidas.

"Antier recibí 250 llamadas y así es mi vida. Tengo más de 180 números de WhatsApp bloqueados, porque el hombre tiene una aplicación donde compra números y me llegan de San Diego, de Miami, de varios lugares; el mismo patrón, porque esto ya es un patrón de conducta de este señor donde no para", recalcó Tabata Wiggins, víctima.

La impunidad que mata en Baja California

A 11 meses de haber iniciado este calvario, Tabatha Wiggins no busca solo una orden de restricción que el agresor ya demostró ignorar; busca una sentencia que le devuelva la paz. En un sistema que exige a las víctimas ser expertas legales para ser escuchadas, el caso de Tabatha se convierte en el grito de auxilio de cientos de mujeres que hoy siguen esperando que la justicia llegue antes que la tragedia.

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