Columnas

#Baja California

La contemplación de la crueldad

Milena Sorzano, Transiciones El Colef
Milena Sorzano, Transiciones El Colef El Colef

por El Colef

23/09/2026 09:15 / Uniradio Informa Baja California / Columnas / Actualizado al 23/09/2026

Un panorama dantesco se vive en un gran salón, vestido de verde oliva, presumiendo con altivez su andar entre un sequito de militares que más parecen seguidores y no la fuerza protectora del Estado, el ahora presidente de la República de Colombia transita en medio de cadáveres de presuntos delincuentes entre los que yacen algunos menores de edad, resultado de la operación militar Azarías en el municipio de Miraflores, departamento del Guaviare, contra el Frente Carolina Ramírez de las disidencias de las FARC, en sus primeros 27 días de mandato. 

Los cuerpos hacen de escenografía en un espacio que de improvisado nada tiene. Su caminar  y vociferación orgullosa en otros espacios de un, "¡Que viva Cristo Rey!" me hacen volver al calendario y preguntarme si es septiembre de 2026, cuando es el Estado social y democrático el resultado de años de luchas por el reconocimiento de los derechos humanos y el principal garante de la dignidad humana, o si, por el contrario, es cualquier penosa fecha de 1610 y el Tribunal de la Inquisición de Cartagena de Indias juzga en nombre de la fe. 

En un par de semanas, la "Patria Milagro" replica valores de ultraderecha sin sonrojarse, valores compartidos por sus pares estadounidenses, salvadoreños y argentinos: alardear del uso político de la muerte, de la fe para legitimar el poder, revocar funcionarios por su orientación sexual, censurar periodistas y medios de comunicación, socavar el derecho a la información, criminalizar la protesta social, agredir principios del Estado laico, amenazar con desaparecer la JEP y el acuerdo de paz, entre una larga lista que coarta derechos y libertades especialmente a minorías. 

Sumado, promueve el uso de armas a la sociedad civil, concede privilegios a sus promotores, recibe dineros ilicitos y, por punta de lanza, la guerra, en un país donde la violencia es el pan diario hace más de 60 años, atiborrando a seguidores que gritan desde su interior, "Qué viva la guerra" pero que convergen cada semana en un culto católico, orando para que sus vidas mejoren.

Esto, que pone de manifiesto terror, crueldad, exaltación de la criminalidad y necesidad de encumbrar propaganda presidencial, también me recuerda la inquietud de Todorov: ¿qué condiciones en una sociedad permiten que se cometan tales crímenes? El tiempo parece detenerse cuando de justicia social y paz hablamos en Colombia... y en otros países latinoamericanos.

Quizá esta reflexión debería ser inflexión para los asesores presidenciales. Me refiero a sus asesores porque, el primer mandatario abogado de profesión, ha ejercido como uno de los protagonistas del caso más controversial de captación ilegal de dinero en Colombia, DMG, defensor del no propiamente legal operador financiero Saab y representante de acusados de narcotráfico y paramilitarismo, lo que deja entrever que la violencia, la censura, el odio, la corrupción y otras nada envidiables características han sido los antivalores presentes en muchas de sus actuaciones como discípulo de la diosa Temis, previo a la gran corona presidencial.

Este panorama resulta tan brutal que respetar la vida y la dignidad humana parece irrealizable, ¿Qué significado tiene la vida cuando la muerte se convierte en motivo de exhibición?, ¿qué sociedad perpetuamos cuando exhibir cadáveres es demostración de éxito y defender la vida está lejos de ser loable? ¿Es válido reconocer la dignidad dependa de posición social o de afinidad con gobiernos de turno?, por desfortuna la violencia en Colombia se sustenta en relaciones de poder y tiene consecuencias para la sociedad. 

Foucault reflexiona sobre justicia y castigo,  define orden y sobre estas personas, cuyos cuerpos son exhibidos, recae desorden. ¿Qué sabemos de sus vidas y de sus muertes?. Es exigible conocer cada caso y preguntarnos sobre la dignidad y sobre las intenciones de quien decide exponer... ¿Qué se pretende despertar en quienes observan: temor, tranquilidad, orgullo? ¿Qué otras formas de aceptación se construyen alrededor de esa imagen?

Los actos de poder tienen dimensiones psicosociales que comunican visiones de autoridad, y no es la primera vez, que la barbarie, a través de ejecuciones públicas, deshumanización del enemigo e invitación a hacer de esto una fiesta, se presencia en Latinoamérica, no como episodios de no repetición, sino, como justificación a gobiernos dedicados a cercenar los derechos de sus ciudadanos y proteger intereses particulares. 

Entonces, desde esta perspectiva todos vivimos los cambios políticos y económicos desde nuestra posición social, demográfica, religiosa, cultural, e inclusive sexual y desde allí también contemplamos la violencia. ¿Cuánto pesa esa posición en nuestra disposición a justificarla?¿Qué tipo de sociedad perpetuamos cuando la crueldad encuentra aceptación en nuestra mirada?