Nosotros, ellos
Víctor Alejandro Espinoza*
Por unos días México se convirtió en un pueblo en vilo: la expresión "¿Y si sí?", precedida de la otra "Ya sabemos que no, pero...". Se convirtió en un símbolo de identidad y condensó el sueño de pasar a la historia como un país ganador e igualarnos con los campeones y potencias futboleras: Brasil, Alemania, Italia, Argentina, Uruguay, Francia, Inglaterra y España. Como país devoto, mantuvimos la fe hasta el 3 a 2 que nos endilgó la selección de Inglaterra.
"Los nacidos para ganar si tienen boleto", afirmaba Carlos Monsiváis en la mejor crónica que se ha escrito sobre un mundial, el del 86 en México (¡¡Goool!!Somos el desmadre, Cuadernos Políticos 47, Ed. Era, julio-septiembre de 1986). Efectivamente, ellos estuvieron en los estadios Azteca y Akron, nosotros, la raza, la plebada, la banda, la perrada, en las calles y en casi todas las plazas del país.
A la inmensa mayoría de los que pagaron miles de pesos por estar en la historia, les falta barrio. Quienes crecieron jugando cascaritas en las calles, les sobra barrio. Esos que se subieron a un avión hasta muy entrados en años, los que tiraron un volado para ver quien escogía a los mejores jugadores uno a uno para conformar sus equipos, hasta que quedaban los más malos y ya ni modo, así tocó. Los que pusieron las porterías móviles con los útiles escolares o con unas piedras o los botes de la basura. El gordito dueño del balón que si se enojaba se llevaba la bola y nos dejaba en ascuas. Los que un día decidieron colgar sus zapatos o tenis en los cables de la luz, como trofeos de la vida y de la amistad, los que quebraron ventanas de los vecinos, quienes por las tardes o fines de semana seguían recordando la jugada del chino, del gordo, del oso, de la muñeca, del güero, el chutazo del pata loca...esos no estaban en los estadios. Sí en el Ángel de la Independencia de la Ciudad de México, o en el de cada pueblo. Esos que decidieron aventar al aire a la abuelita, al de silla de ruedas, a la muchacha, al feo, a la fea, al curioso, al coreano, a la mujer policía, al Dr. Simi y patentaron el "Quiere volar", esos que se mojaron e hicieron su desmadre, esos que son barrio, que son pueblo, no pagaron por la diversión.
Sí, los costos absurdos ahondaron la desigualdad, pero el futbol las quiso borrar. "No es fácil ni barato estar aquí, en este paraíso del apoyo psíquico. Pocos boletos se vendieron en taquilla, la reventa acaparó la mayor parte con tal de frustrar a quienes pasaron la noche en las inmediaciones del Estadio, y acabaron pagando 100 o 110 000 pesos por un boleto. Si las apariencias de clase no son engañosas (¿Las joyas verdaderas en Suiza?), vinieron los casatenientes de la cúpula, las élites de Nuevo León y Saltillo y Durango y el DF y Guadalajara, funcionarios, empresarios, profesionistas bien situados, técnicos, comerciantes. Y sus hijos, la juventud cromada y pulida, quienes —si el país sucumbe a la adversidad— contemplarán el naufragio desde Houston. En los enfrentamientos míticos de la TV, la lucha de clases encarna en las diferencias entre nacos (los que sólo saben decir " ¡Padrísimo!") y pirruris (los que siguen diciendo "Padrísimo!" para condimentar su inglés). De ser esto cierto, los primeros se inmovilizaron frente a sus aparatos de TV y los segundos están aquí, adecuadamente representados, con el bronceado justo, la expresión de entrega a la causa elegida (de entre las muchas posibles del guardarropa), la alharaca por ser quienes son y la técnica, aprendida en cablevisión, de ver en todo un homenaje, incluso en la burla" (Monsiváis). Sí el mundial del 86, tan semejante al de 2026.
Los pirruris de ayer, los fifís de hoy, salieron de los estadios y se fueron a los festejos de la calle, con la perrada. Se mezclaron con los morenos, con los prietitos, ellos, tan bonitos, güeritos, bien vestiditos, combinaditos, que van a la Anáhuac, a la Ibero, al Tec, que viajan en premier ("¿qué, hay otra clase?"), bajaron a la celebración. "En materia de futbol las clases se borran y no da vergüenza, al contrario, ser abiertamente nacionalista" (Monsiváis). Sí, durante unas horas, vivimos como si no hubiera clases sociales. Todos fuimos México....hasta que llegó Inglaterra.
* Presidente de El Colegio de la Frontera Norte. Correo electrónico: victorae@colef.mx. Twitter: @victorespinoza_ Página WEB: www.colef.mx/victoralejandroespinoza/