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En el Día Mundial de las Personas Refugiadas, ¿sabemos qué es el refugio?

En el marco del Día Mundial de las Personas Refugiadas, datos de ACNUR señalan que al cierre de 2025 había 41.6 millones de personas refugiadas en el mundo, lo que abre el debate sobre la diferencia entre refugiados y migrantes.
El Colef El Colegio de la Frontera Norte
El Colef 23-06-2026

Ámbar Itzel Paz Escalante*

Cada 20 de junio se conmemora el Día Mundial de las Personas Refugiadas. La fecha nos invita a reflexionar sobre una realidad que afecta a millones de personas en el mundo. De acuerdo con el informe Tendencias Globales 2026 del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), a finales de 2025 existían 41.6 millones de personas refugiadas en el mundo (ACNUR, 2026). Ante esta realidad, surge una pregunta importante: ¿sabemos realmente qué significa ser una persona refugiada y en qué se diferencia de ser una persona migrante?

Aunque ambos procesos implican dejar el lugar de origen, existen diferencias fundamentales. Una persona migrante se desplaza por diversas razones, como la búsqueda de mejores oportunidades laborales, educativas o económicas, la reunificación familiar o el deseo de construir un nuevo proyecto de vida. En cambio, una persona refugiada se ve obligada a abandonar su país porque su vida, su libertad o su seguridad están en riesgo debido a conflictos armados, persecución, violencia generalizada o graves violaciones a los derechos humanos.

Esta diferencia es importante porque, en términos generales, una persona migrante conserva la posibilidad de regresar a su lugar de origen cuando así lo decida o cuando concluya su proyecto migratorio. En contraste, una persona refugiada no puede regresar sin exponerse nuevamente a los riesgos que motivaron su salida.

Actualmente, uno de los ejemplos más visibles de desplazamiento forzado a nivel mundial es el de la población palestina afectada por el conflicto en Gaza. Miles de personas han tenido que abandonar sus hogares ante la violencia y la destrucción derivadas de la guerra. Algunas de ellas han buscado protección internacional en distintos países, incluido México, una nación con una importante tradición de acogida y solidaridad hacia quienes buscan refugio.

Asimismo, en el continente americano, la figura del refugio también ha adquirido una relevancia creciente durante las últimas décadas. La presencia de grupos criminales, las disputas territoriales y diversas expresiones de violencia han provocado el desplazamiento forzado de familias y comunidades enteras en América Latina. Como consecuencia, miles de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares y buscar protección internacional fuera de sus fronteras.

Al hablar de refugio también suele surgir otra pregunta: ¿es lo mismo el refugio que el exilio? La respuesta es no. El refugio es una figura jurídica reconocida por el derecho internacional que brinda protección a quienes enfrentan riesgos graves en sus países de origen. El exilio, por su parte, se refiere a una experiencia política o social de destierro, expulsión o alejamiento forzado del propio país. Sin embargo, ambas condiciones pueden coexistir. Un ejemplo de ello fue el caso de numerosas personas perseguidas por las dictaduras del Cono Sur durante la segunda mitad del siglo XX, quienes debieron abandonar sus países por motivos políticos y posteriormente obtuvieron protección internacional como refugiadas en otras naciones.

En este proceso de protección, las instituciones nacionales e internacionales desempeñan un papel fundamental. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) es el organismo encargado de proteger a las personas refugiadas, solicitantes de asilo, desplazadas y apátridas en todo el mundo, mientras que en México la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) es responsable de recibir y analizar las solicitudes de reconocimiento de la condición de refugiado. A través de sus acciones y en coordinación con otras instancias, ambas contribuyen a garantizar el acceso a protección, documentación, educación, salud, empleo y otros derechos esenciales para que las personas desplazadas puedan reconstruir sus proyectos de vida en condiciones de dignidad y seguridad.

Entonces, para finalizar, ¿para qué sirve distinguir entre una persona migrante, una exiliada y una refugiada? Más allá de las definiciones, comprender estas diferencias nos ayuda a desarrollar una mirada más informada y sensible sobre los procesos que atraviesan millones de personas. También nos recuerda que detrás de cada categoría jurídica, como la de "persona refugiada", existe una historia de vida marcada por desafíos, pérdidas, esperanzas y proyectos que merecen ser reconocidos con dignidad, respeto y protección.

* Profesora de Carrera / ENTS-UNAM

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