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Rodrigo Otañez: Nuevo rumbo

Isidro Aguado / Cambio de Ritmo
Isidro Aguado / Cambio de Ritmo Cambio de Ritmo

por Isidro Aguado Santacruz

25/09/2026 15:36 / Uniradio Informa Baja California / Columnas / Actualizado al 25/09/2026

"El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños."

— Eleanor Roosevelt


Las historias políticas que verdaderamente importan rara vez comienzan con un discurso frente a cientos de personas. Muchas veces empiezan mucho antes, cuando nadie está mirando y cuando quien participa todavía no sabe que algún día su nombre estará en una boleta. Comienzan con una inquietud, con la necesidad de organizarse, con la convicción de que las cosas pueden hacerse de otra manera y, sobre todo, con esa rara disposición de los jóvenes para pensar que el mundo que recibieron no necesariamente es el mundo que están obligados a conservar.


La historia de Rodrigo Aníbal Otañez Licona tiene precisamente ese punto de partida. Antes de convertirse en diputado, antes de participar en las grandes discusiones de la política bajacaliforniana y antes de levantar la mano para buscar la Presidencia Municipal de Tijuana, fue un joven que descubrió en la participación pública una posibilidad distinta: la de transformar una inconformidad en organización y una idea en un proyecto colectivo.


Con el tiempo, esa inquietud se convirtió en una trayectoria política. Vino el contacto directo con los ciudadanos, las campañas, las calles y aquella vieja escuela de la política que consiste en tocar una puerta y escuchar lo que hay detrás de ella. Porque una ciudad no se conoce a través de las estadísticas únicamente. Se conoce cuando uno se sienta frente a una familia y escucha sus preocupaciones; cuando un comerciante cuenta lo que significa mantener abierto su negocio; cuando un estudiante habla de las oportunidades que no encuentra; cuando una madre explica lo que significa atravesar diariamente una ciudad que creció mucho más rápido que sus servicios.


En 2019, Otañez llegó al Congreso de Baja California como diputado por el Partido de Baja California. Durante aquella legislatura participó en iniciativas y debates que forman parte del registro parlamentario. Pero su paso por el Congreso quedó especialmente marcado por uno de los episodios más delicados de la historia política reciente del estado: la llamada ampliación del mandato de la gubernatura.

La ciudadanía había acudido a las urnas para elegir un gobernador por un periodo de dos años. Posteriormente, el Congreso local aprobó una reforma que pretendía extenderlo a cinco. El asunto terminó en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que invalidó la reforma al considerar que vulneraba principios constitucionales relacionados con la certeza electoral y la periodicidad de las elecciones.


En aquella discusión, Otañez asumió una posición desde el Congreso. Y quizá ahí se encuentra una de las dimensiones más importantes de la política: entender que representar a los ciudadanos no significa únicamente hablar cuando resulta conveniente, sino también hacerlo cuando el debate exige tomar una posición.


Después vino el tiempo, que en política suele ser un juez mucho más severo que cualquier adversario. Otañez continuó construyendo su trayectoria y, en 2026, asumió la dirigencia municipal del Partido Verde en Tijuana. Desde ahí ha planteado la necesidad de acercarse a distintos sectores de la ciudad y ha colocado sobre la mesa asuntos como el crecimiento urbano, el medio ambiente, la movilidad y el desarrollo económico.


Ahora su nombre vuelve a aparecer en la conversación política de Tijuana. El Partido Verde ha comenzado a impulsar públicamente su figura rumbo a la Presidencia Municipal de 2027. Todavía habrá que recorrer el camino electoral correspondiente y serán los ciudadanos quienes, llegado el momento, evalúen las distintas alternativas. Pero hay algo que resulta interesante: un joven que comenzó participando en política hoy pretende gobernar la ciudad en la que creció.

Y aquí la historia deja de ser únicamente la de un político para convertirse en una pregunta sobre Tijuana.


Porque cuando uno observa nuestra ciudad después de cinco años, resulta inevitable preguntarse si realmente estamos mejor. ¿Tenemos mejores vialidades? ¿El transporte responde a las necesidades de quienes todos los días atraviesan la ciudad? ¿La vivienda está al alcance de las nuevas generaciones? ¿Los jóvenes encuentran oportunidades suficientes para quedarse y construir aquí su proyecto de vida? ¿Hemos logrado crecer con orden o simplemente hemos aprendido a acostumbrarnos al caos?


Son preguntas que quizás incomoden, pero una ciudad que deja de hacerse preguntas termina aceptando sus problemas como si fueran parte natural del paisaje.


Tijuana merece algo distinto.

Merece dirigentes capaces de comprender que esta no es solamente una ciudad fronteriza. Es el hogar de millones de historias. Aquí llegan familias buscando una oportunidad, aquí nacen jóvenes que sueñan con quedarse, aquí trabajan personas que cruzan diariamente una frontera y aquí existe una generación que quiere vivir en una ciudad donde progresar no signifique necesariamente marcharse.


Por eso resulta importante que aparezcan rostros nuevos. No porque la juventud sea, por sí misma, garantía de nada, sino porque las ciudades también necesitan nuevas preguntas. John F. Kennedy llegó a la Presidencia de Estados Unidos a los 43 años y representó, en su momento, la llegada de una generación que quiso imprimir otra energía a la vida pública. La historia demuestra que la edad no sustituye la experiencia, pero también que la experiencia no debería convertirse en una excusa para impedir que nuevas generaciones participen.


Rodrigo Otañez tiene 34 años y ahora levanta la mano para gobernar Tijuana. Su proyecto tendrá que someterse al escrutinio público, porque en democracia ninguna trayectoria debería estar por encima de la crítica y ninguna aspiración debería quedar exenta de preguntas. Pero precisamente por eso resulta valioso que la conversación comience antes de las campañas y no cuando las decisiones ya están tomadas.


Tijuana necesita hablar de futuro.

Necesita discutir qué ciudad quiere ser dentro de diez, veinte o treinta años. Necesita dejar de conformarse con administrar emergencias y comenzar a construir una visión de largo plazo. Necesita pensar en movilidad antes de que las calles colapsen, en vivienda antes de que sea inaccesible, en infraestructura antes de que resulte insuficiente y en los jóvenes antes de que decidan que su futuro está en otra parte.

Quizá eso sea lo verdaderamente emocionante de una nueva generación política: la posibilidad de volver a imaginar.

Porque gobernar una ciudad no debería consistir solamente en resolver lo urgente. También significa atreverse a pensar en aquello que todavía no existe.


Y Tijuana, una ciudad que nació mirando hacia la frontera y que aprendió a crecer contra todas las dificultades, merece volver a mirar hacia adelante.


Tal vez el verdadero cambio no consista solamente en cambiar de rostro, sino en recuperar la capacidad de imaginar una ciudad diferente.


Y si algo necesita Tijuana en este momento, no son solamente nuevos nombres.


Necesita volver a creer que el futuro también puede construirse aquí.