Columnas

Tragar sapos: la novela que Baja California está viviendo

Isidro Aguado / Cambio de Ritmo Cambio de Ritmo

"La política es el arte de tragar sapos sin hacer gestos."

— Andrei Peña, Tragar sapos


Era un martes por la noche cuando Óscar Maldonado supo que todo había terminado. No de golpe. Así no funciona la política. Funciona como el agua que entra por una grieta: despacio, silenciosa, hasta que de repente el techo cede y uno se pregunta cómo no lo vio venir. Maldonado era senador, líder sindical, hombre fuerte de la ciudad. Había construido su carrera con la paciencia del que sabe que el poder no se gana de una vez sino que se acumula despacio —usando a cada aliado como peldaño, pisando a cada adversario como escalón— hasta llegar tan arriba que uno comienza a creer que el aire de las alturas es un derecho adquirido. Había trepado durante años. Había mentido, negociado, traicionado y sonreído en las cenas donde se repartían los cargos y los contratos y los silencios. Lo había hecho con una destreza que sus enemigos admiraban en silencio y sus amigos temían de cerca. Con una virtud particular: sin hacer gestos. Sin que se le notara el sabor de lo que se tragaba. Hasta que llegó el video. Y todo cambió.


Así comienza, en esencia, Tragar sapos, la novela que el escritor mexicano Andrei Peña publicó en 2022 y que esta semana debería estar en la lista de lectura urgente de cualquier ciudadano, político o empresario que quiera entender lo que está ocurriendo en Baja California. No porque la novela lo predijera. Sino porque lo describe con una precisión que la realidad ha decidido confirmar en tiempo real, con nombres propios, audios filtrados y órdenes de aprehensión ejecutadas el mismo día en que la agenda mediática ya no daba más.


La historia de Maldonado es la historia del político que cayó no porque alguien lo descubrió siendo corrupto —en ese sistema todos lo son en diferentes grados— sino porque dejó de ser útil en el momento equivocado. El video-escándalo que lo involucra actúa como un dardo envenenado: no lo mata de inmediato pero activa a todos los que esperaban el momento. Los fantasmas de su pasado regresan a cobrarle las cuentas. Su partido lo abandona con la elegancia del que se lava las manos sin mojárselas. Los asesores oportunistas que ayer le prometían lealtad hoy filtran información a la prensa. Los dirigentes que lo necesitaban para ganar votos ahora lo necesitan para ejemplificar que el partido tiene principios. Y en medio de todo ese carnaval de traiciones, Maldonado hace lo único que le queda: declara su inocencia, invoca sus valores, señala a sus enemigos y afirma que todo es una campaña en su contra. Cualquier parecido con la realidad bajacaliforniana de esta semana no es coincidencia. Es el mismo guión. Siempre es el mismo guión.


Aquí está el mecanismo que Peña desnuda con más honestidad que cualquier manual de ciencia política y que el lector —político o empresario— necesita entender porque opera en todos los niveles del sistema: el actor con cola que le pisen no cae porque alguien descubrió lo que hizo. Cae porque alguien decidió que era el momento de revelarlo. Y entre el momento en que se hizo algo cuestionable y el momento en que ese algo sale a la luz, existe siempre un período de silencio que no es inocencia sino conveniencia. Conveniencia de quien tiene la información y espera el instante en que publicarla produce el máximo efecto político. Por eso en política no existen las casualidades. Solo existen los momentos elegidos. El timing del escándalo es siempre una declaración de intenciones de alguien que no firma el comunicado.


Desde el 21 de junio, el periodista Héctor de Mauleón ha publicado en columnas sucesivas de El Universal una serie de grabaciones atribuidas a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda. En el primer audio se la escucha conversando con personas que se presentan como asesores externos del FBI. En el segundo, publicado el 13 de julio, uno de esos interlocutores le comunica que las agencias estadounidenses sienten que han perdido el tiempo con ella y le ofrecen una última oportunidad para frenar cargos o sanciones. En ese audio, la gobernadora hace la pregunta que resume con más elocuencia que cualquier análisis la situación en que se encontraba: "¿Están diciendo que me quieren llevar de extradición?" Y el 16 de julio aparecieron dos nuevas grabaciones donde la mandataria acuerda una reunión con el Departamento de Seguridad Nacional y el FBI en Panamá — territorio neutral, fuera del alcance mediático de ambos países — a finales de agosto. La gobernadora reconoció la autenticidad de los audios. Explicó que fue víctima de un montaje orquestado por el exgobernador Jaime Bonilla. Bonilla lo negó. La presidenta Sheinbaum y el secretario García Harfuch declararon que los audios no revelan delito que perseguir. Y Marina del Pilar pronunció el discurso que todo lector de Tragar sapos ya conocía de memoria: que se ha conducido siempre con transparencia, que no tiene nada que esconder, que es víctima de sus adversarios. Sin hacer gestos.


Hasta aquí el primer sapo de la semana. El segundo llegó el mismo día, al mismo tiempo, con la elegancia brutal del que sabe que el timing lo es todo.

La Fiscalía General de la República detuvo en Ensenada a Ernesto Ruffo Appel. El nombre merece explicarse con toda su dimensión histórica porque sin ella no se entiende el peso político de lo ocurrido. Ruffo Appel no es un político cualquiera. Es el hombre que en 1989 rompió 60 años continuos de hegemonía del PRI al ganar la gubernatura de Baja California convirtiéndose en el primer gobernador de oposición en la historia moderna de México. Ese hecho cambió la narrativa política del país: demostró que el PRI podía perder, que la alternancia era posible y que las elecciones podían producir resultados distintos al partido oficial. Ruffo Appel gobernó de 1989 a 1995, luego fue senador, representante permanente de México ante la OEA y secretario de Pesca. Después de décadas de actividad política e institucional, se convirtió en febrero de 2026 en consejero consultivo de Somos México, el nuevo partido político.


La detención de Ruffo deriva de una investigación de alta complejidad que la FGR y la Agencia Nacional de Aduanas de México mantienen abierta desde 2025, relacionada con grandes operaciones de contrabando de combustible a través de Ingemar, S.A. de C.V., empresa de la que es socio mayoritario. El caso se vincula al megadecomiso de 15 millones 480 mil litros de hidrocarburo transportados en 129 ferrotanques en Ramos Arizpe y Saltillo, Coahuila, en julio de 2025. Los cargos formales son delincuencia organizada y contrabando. El PAN emitió un comunicado tibio: dijo que los hechos deben esclarecerse pero no defendió a su fundador histórico. Lo dejó solo con la misma elegancia con que Maldonado es abandonado en la novela.


Para entender por qué esto importa más allá de la coyuntura política, conviene revisar los números del huachicol en México porque son los que dan contexto real a lo que se está persiguiendo. El huachicol fiscal no es robo de gasolina en el sentido doméstico del término. Es un esquema de contrabando sofisticado que combina importaciones irregulares de combustible con facturación simulada para evadir el pago del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios y el IVA. En 2025, este delito generó pérdidas por 123 mil millones de pesos para Pemex y la Secretaría de Hacienda, según el Observatorio Ciudadano de Energía: 56 mil millones para la petrolera y 67 mil millones para el fisco federal. Las pérdidas por huachicol en todas sus modalidades acumulan más de 100 mil millones de pesos desde 2019 hasta 2025, equivalentes aproximadamente al 0.6 por ciento del PIB mexicano. En el puente Los Indios-Lucio Blanco en Matamoros, documentado como punto de ingreso de hasta cien pipas diarias con documentación falsa, las pérdidas para el fisco se estimaban en hasta 60 millones de pesos por jornada. El SAT aceleró su fiscalización: la recaudación derivada de actos de auditoría alcanzó 162 mil 807 millones de pesos solo en el primer trimestre de 2024, un incremento de 38.3 por ciento. La procuradora fiscal de la Federación llegó a estimar el daño total del huachicol fiscal en 600 mil millones de pesos. Son cifras que permiten entender por qué el gobierno federal construyó durante un año una investigación de alta complejidad antes de ejecutar la detención. No se detiene al primer gobernador de oposición de México por ocurrencia. Se detiene cuando el expediente resiste cualquier escrutinio judicial.


La pregunta relevante es por qué la detención ocurrió ese día específico y no otro. Y la respuesta requiere entender una mecánica política que en México tiene nombre aunque no aparezca en los libros de ciencia política: la cortina de humo simultánea. Cuando un gobierno tiene un escándalo propio que domina la agenda —los audios de Marina del Pilar acumulaban cuatro semanas de cobertura nacional e internacional— la detención de un adversario político de alto perfil el mismo día tiene un efecto doble: divide la atención mediática y coloca al adversario en una posición donde cualquier defensa que haga del detenido puede presentarse como protección a un presunto delincuente. El PAN no puede pedir que suelten a Ruffo sin parecer que defiende el huachicol. Marina del Pilar puede señalar que la detención es la cortina para tapar sus audios. El gobierno federal puede decir que es una investigación de un año con sustento jurídico. Todos tienen una narrativa. Ninguno tiene toda la verdad. Y el ciudadano queda atrapado en el ruido.

Esto no es nuevo. No lo inventó ningún gobierno en particular. Es la gramática del poder político en México que atraviesa todos los partidos y todos los sexenios con una consistencia que hace inútil el argumento ideológico. El político con cola que le pisen siempre dice que se ha conducido con sus valores. Siempre dice que es víctima. Siempre dice que sus adversarios le temen porque representa algo verdadero. El discurso varía en los detalles pero la estructura es idéntica porque la produce el mismo instinto: el de quien sabe que la mejor defensa no es demostrar la inocencia sino sembrar suficiente duda para que el expediente quede enterrado en el ruido.


Andrei Peña escribió Tragar sapos sobre un país que podría ser cualquier país. Resulta que ese país es este. Y Baja California esta semana demostró que la ficción no exagera la realidad política mexicana. Se queda corta. En la novela hay un solo Maldonado. Aquí hay varios, con diferentes credenciales pero con el mismo discurso y el mismo gesto de quien se traga lo que sea y afirma que sabe delicioso.


El libro tiene 360 páginas. Antes de la próxima elección, léalo.


En política, quien llega al poder limpio es quien todavía no ha tenido suficiente poder. La diferencia entre el político que cae y el que sobrevive no está en lo que hizo. Está en si lo que hizo todavía le sirve a alguien que puede protegerlo.


Adaptarse al compás de la vida no es tarea sencilla; en Cambio de ritmo, intento no perder el paso. Que tengan un excelente fin de semana lector@s.