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Trump y la cuenta que llega en noviembre

Isidro Aguado / Cambio de Ritmo
Isidro Aguado / Cambio de Ritmo Cambio de Ritmo

por Isidro Aguado Santacruz

22/09/2026 15:53 / Uniradio Informa Baja California / Columnas / Actualizado al 22/09/2026

"Estados Unidos estornuda y México se resfría. Pero cuando Estados Unidos cambia de Congreso, México cambia de destino."


Trump llega a estas elecciones intermedias como llegan los presidentes que gobernaron demasiado rápido: con la factura en la mano y el Congreso a punto de cambiar de manos. El 3 de noviembre, los estadounidenses renovarán la totalidad de la Cámara de Representantes — 435 escaños — y 35 de los 100 asientos del Senado. Ningún mexicano votará ese día. Ninguno podrá. Y sin embargo lo que ocurra en las urnas de Ohio, Texas, Carolina del Norte y Maine determinará, con una precisión que ningún tratado bilateral explica del todo, el margen de maniobra que México tendrá durante los próximos dos años en materia comercial, migratoria y de seguridad. Somos el único país del mundo que tiene más en juego en una elección extranjera que en algunas de las propias.


Los números de hoy son los siguientes, y conviene leerlos con cuidado porque cambian semana a semana con una velocidad que los analistas describen como inédita. En la Cámara de Representantes, los republicanos mantienen una mayoría estrecha de aproximadamente 218 escaños frente a poco más de 210 demócratas. A los demócratas les basta una ganancia neta de tres distritos para recuperar el control. Polymarket, el mercado de predicciones donde los participantes arriesgan dinero real, asigna hoy una probabilidad del 93 por ciento de que los demócratas ganen la Cámara. El modelo de Decision Desk HQ, que combina encuestas con factores políticos y electorales, calcula un 70 por ciento de probabilidad demócrata frente a un 30 por ciento republicano. La boleta genérica congressional — la encuesta que pregunta simplemente a cuál partido votaría usted para el Congreso — muestra a los demócratas con ventajas de entre 6 y 8 puntos en los promedios recientes.


El Senado es más complicado y más interesante. Los republicanos defienden 22 de los 35 escaños en juego y los demócratas solo 13. Esa asimetría favorece históricamente al partido que defiende menos territorio. Y sin embargo Polymarket asigna hoy un 66 por ciento de probabilidad de que los demócratas tomen también el Senado. Carolina del Norte, Maine, Michigan, Ohio y Texas son los estados que con mayor probabilidad cambiarán de manos. En Texas, el candidato demócrata lleva hoy un 62 por ciento de probabilidad de ganar — un dato que hace apenas dos años habría parecido el producto de un sueño febril de algún estratega del Partido Demócrata.


¿Por qué importa esto desde Tijuana? Porque el Congreso que resulte el 3 de noviembre decidirá varias cosas que México no puede decidir por sí solo. Si los demócratas recuperan ambas cámaras, la capacidad legislativa de Trump quedará prácticamente neutralizada en sus últimos dos años de mandato: cada iniciativa, cada recorte presupuestal, cada medida arancelaria adicional tendrá que negociarse con una mayoría que no le es afín. Eso no convierte a los demócratas en amigos de México — la historia reciente demuestra que en materia migratoria los dos partidos compiten en dureza con el mismo entusiasmo — pero sí reduce la velocidad y la intensidad con que las decisiones más dañinas pueden implementarse. Un Trump con Congreso dividido es un Trump con frenos. Un Trump con Congreso propio es lo que hemos vivido desde enero de 2025.


La revisión del T-MEC, que según el secretario Ebrard tomará más tiempo del previsto y posiblemente se extienda hacia 2027, se negocia en un entorno donde el Congreso estadounidense tiene voz y voto en la ratificación de cualquier acuerdo modificado. Un Congreso demócrata con mayoría en ambas cámaras podría moderar las exigencias más extremas en materia de contenido regional automotriz, reglas de origen y acceso al sector energético. Un Congreso republicano las endurecería. No es una diferencia menor para un país cuyas exportaciones dependen en un 80 por ciento del mercado estadounidense.


Hay un dato que la columna de hoy no puede ignorar aunque incomode a quienes prefieren los análisis sin aristas: la ventaja demócrata en las encuestas no garantiza la victoria demócrata en los escaños. El sistema electoral estadounidense, con sus distritos gerrymandereados y su colegio electoral implícito en la distribución del poder legislativo, puede convertir una ventaja de 8 puntos en intención de voto nacional en una victoria por margen mínimo o incluso en una derrota en escaños. Ocurrió en 2022 con los demócratas. Ocurrió en 2010 con los republicanos. Las olas electorales no siempre rompen donde los modelos predicen.


Lo que sí es claro, con la firmeza que dan los datos de hoy, es que Trump llega a estas elecciones intermedias con los vientos en contra. Su índice de aprobación no supera el 42 por ciento en ninguna encuesta nacional relevante. La economía, que en 2024 fue su principal activo electoral, genera hoy más inquietud que optimismo: la inflación bajó al 3.12 por ciento en julio pero los precios de restaurantes y servicios siguen subiendo al doble de ese ritmo, y el desempleo subió de 2.7 a 2.9 por ciento mientras la informalidad alcanzó el 55 por ciento de la ocupación en México — dato que refleja la incertidumbre bilateral que las políticas de Washington producen al sur de la frontera. El partido que ocupa la Casa Blanca pierde escaños en las elecciones intermedias en casi todos los ciclos electorales desde 1938. La excepción es cuando la economía funciona bien o cuando hay una crisis externa que unifica al electorado detrás del presidente. Ninguna de las dos condiciones está claramente presente hoy.


Desde Tijuana, ciudad que no vota en noviembre pero que vive en noviembre y en todos los meses siguientes las consecuencias de lo que se vote, la pregunta no es si preferimos a un partido u otro. Es qué escenario nos da más tiempo para construir lo que necesitamos construir: una economía menos dependiente de una sola decisión tomada en Washington, una agenda de seguridad que no requiera permiso del vecino para funcionar, y una clase política que entienda que la soberanía no se defiende con discursos sino con instituciones que funcionen independientemente de quién gane en el Capitolio el 3 de noviembre.


Faltan seis semanas. México no vota. Pero México, como siempre, pagará la factura.


Lo que se decide en Washington el 3 de noviembre no preguntará la opinión de Tijuana. Pero Tijuana la sentirá de todas formas.