por Cetys Universidad
30/10/2026 09:50 / Uniradio Informa Baja California / Sociedad / Actualizado al 30/10/2026
MEXICALI.- Cada año, el aroma y color del cempasúchil llenan los mercados, hogares y cementerios de México, siendo una de las tradiciones más representativas del país. Sin embargo, detrás de cada ramo existe un recorrido que involucra meses de trabajo, producción agrícola y una red de distribución que conecta distintas regiones, señaló la Dra. Bertha Martínez Cisneros, coordinadora de la Licenciatura en Logística y Comercio Internacional de CETYS Universidad Campus Mexicali.
Indicó que mientras las familias desempolvan fotografías, preparan el papel picado y recuerdan los platillos favoritos de quienes ya partieron, en los campos mexicanos miles de flores comienzan a abrir sus pétalos. Los agricultores se preparan para la cosecha y los comerciantes organizan una de las temporadas de venta más intensas y breves del año.
"Lo que para muchos significa comprar un ramo para el altar, para otros representa meses de trabajo y una verdadera carrera contra el reloj", expresó.
Una tradición que sigue floreciendo en México
Históricamente, el cultivo del cempasúchil ha tenido una importante presencia en el centro de México, particularmente en Puebla, que se mantiene como el principal estado productor. No obstante, su cultivo se ha extendido a otras regiones del occidente y norte de México, donde agricultores y productores preparan sus cosechas para abastecer los mercados durante esta temporada.
La Experta CETYS destacó que las cifras de producción de este año reflejan la relevancia de esta actividad. En Puebla se reporta una producción superior a las 9, 600 toneladas, mientras que en la Ciudad de México se ha alcanzado una cifra récord cercana a los 10 millones de plantas cultivadas.
Asimismo, mencionó que la producción y venta del cempasúchil varían entre grandes campos agrícolas y pequeños viveros familiares. Mientras algunas cosechas se comercializan en manojos para abastecer mercados de otras entidades, otras se ofrecen en macetas, directamente del productor al consumidor.
Algunas de las flores que colocamos en nuestras ofrendas se cultivan cerca de los puntos de venta, mientras que otras recorren largas distancias por carretera antes de llegar a los mercados. La Dra. Martínez explicó que esta cadena de producción comienza meses antes, con la planeación de la siembra para que las flores alcancen su mejor momento a finales de octubre, e involucra procesos de cosecha, preparación, transporte y comercialización en los que participan agricultores, comerciantes y transportistas para responder al incremento de la demanda conforme se acerca la celebración.
Por otra parte, apuntó que en el norte del país también se mantiene la producción de cempasúchil para abastecer la demanda regional. Baja California estima una cosecha de 336 toneladas esta temporada, mientras que en Nuevo León familias agricultoras conservan una tradición que cobra relevancia cada año durante los días previos al Día de Muertos.
Una carrera contra el tiempo
Para los productores, la especialista señaló que la temporada del cempasúchil representa meses de inversión, cuidados y trabajo, cuyo resultado depende de factores como las condiciones climáticas, la disponibilidad de agua y la respuesta del mercado.
Del mismo modo, subrayó que los precios pueden variar según la región, disponibilidad, presentación de la flor y los costos necesarios para llevarla hasta el consumidor. Para quienes dependen de esta actividad, una buena cosecha no siempre garantiza una temporada favorable si no logran venderla a tiempo.
"Detrás de cada ramo hay decisiones de producción, costos de transporte y el trabajo de distintas personas que hacen posible que las flores lleguen a los consumidores cuando las familias comienzan a preparar sus altares", expresó.
Al colocar cempasúchil en nuestros altares, también vale la pena reconocer a las familias que las cultivaron, a quienes las transportaron y a los comerciantes que la llevaron hasta nuestras manos. Cada flor representa meses de trabajo y una historia que conecta a distintas regiones de México a través de una tradición que permanece viva, concluyó la docente. 