Cae el telón: fallece Daniel Rojo, considerado el maestro que llevó el teatro musical a Tijuana
- Su oficio de cuatro décadas pasó por Los Ángeles, la Ciudad de México, Des Moines y el mismo escenario tijuanense donde, en octubre de 2025, recibió el homenaje por sus 40 años de trayectoria.
TIJUANA.— El telón bajó en Tijuana. Daniel Rojo —actor, cantante, bailarín, coreógrafo, director escénico y maestro— murió a los 61 años, según se dio a conocer el miércoles 2 de septiembre. Dedicó cuatro décadas al teatro musical en Baja California, la Ciudad de México y Estados Unidos. Hasta el cierre de esta edición, la causa del fallecimiento no había sido informada.
La Secretaría de Cultura de Baja California y el Instituto de Servicios Culturales del estado difundieron un comunicado conjunto en el que señalaron que su entrega en el escenario y su labor docente seguirán marcando a las nuevas generaciones de creadores, "dejando una huella imborrable en la historia cultural de nuestro estado".
"Yo lo que quiero es bailar".
Nació en Tijuana el 28 de diciembre de 1964. De niño escuchaba discos de Topo Gigio y usaba sombreros vaqueros. Su padre lo imaginaba en un diamante de beisbol. La respuesta del hijo fijó el rumbo del resto de su vida: "yo lo que quiero es bailar".
A los 20 años se tituló en dos carreras: profesor de educación primaria y maestro de danza mexicana. Entró a trabajar a la Casa de la Cultura de Tijuana y desde ahí documentó a los pueblos originarios de la península, con atención en la comunidad kumiai; de esa investigación salió la difusión nacional del traje tradicional kumiai.
A los 24 emigró a Los Ángeles, se integró a la compañía de teatro experimental Cummulus y recorrió ciudades de Estados Unidos llevando el folclor mexicano. A los 28 llegó a la Ciudad de México, donde pasó más de una década en la comedia musical: la etapa que él mismo resumió en su currículum como "trabajando y compartiendo siempre al lado de grandes figuras del mundo del espectáculo". Ahí trabajó en producciones de Manolo Fábregas, Silvia Pinal, María Elena Velasco y Rocío Banquells, y sumó nominaciones como revelación masculina teatral y como actor de comedia musical.
Su repertorio incluyó El Mago, Una vez en la isla, Snoopy, el musical, Un tipo con suerte, Cantando bajo la lluvia, Drácula, ópera rock, Evita y Sueño de una noche de verano. Después vino Des Moines, Iowa, con el Gateway Dance Theatre, el Central Iowa Dance y el Ingersoll Theatre.
Y después, el regreso.
Quinientas veces el Grillito Cantor.
De vuelta en su ciudad colaboró con el Centro Cultural Tijuana, el Instituto de Cultura de Baja California y otras instituciones educativas y culturales. Adaptó y escribió Al país de los sueños, montado con las canciones de Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri, en coproducción con Mediarte y Richy Gil. Desde su estreno en 2006 llegó a 500 representaciones.
En escena, el Grillito Cantor conversaba con su autor a través de un grillófono y le pedía permiso para interpretar sus canciones. Varias generaciones de niños de la frontera conocieron a Cri-Cri por la voz de Daniel Rojo.
En paralelo sostuvo la docencia y desarrolló Clínica en Movimiento, un entrenamiento físico-artístico personalizado. Los actores y bailarines que hoy pisan las tablas en Tijuana pasaron por sus salones.
El último homenaje.
En octubre de 2025, el Teatro de la Casa de la Cultura de Tijuana celebró sus 40 años de trayectoria, dentro de los festejos por el aniversario del recinto, que abrió como Casa de la Cultura el 15 de octubre de 1975.
Esa noche interpretó a Truman Capote en Plegarias no atendidas, monodrama de Gilda Salinas, acompañado por la música en vivo de Enrique "Kike" Díaz.
Fue uno de los últimos reconocimientos públicos que recibió en vida.
La despedida.
Tras conocerse la noticia, compañeros de escena, exalumnos y espacios culturales de la región publicaron mensajes para despedirlo y recordar su trabajo.
Se ha descrito la reacción a su muerte como inmediata y extendida a ambos lados de la frontera, con observaciones como la constumbre de Rojo de mirar a los ojos y sonreír cuando se despedía.
Empezó a trabajar a los 20 años en el edificio de ladrillo rojo de la colonia Altamira.
En ese mismo teatro, con 60 cumplidos, recibió el homenaje por sus cuatro décadas de oficio.
Entre una fecha y la otra hizo exactamente lo que dijo que quería hacer.