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El día que las pirámides dejaron de ser sagradas

Teotihuacán, principal zona arqueológica del país, fue escenario de un hecho violento el 20 de abril de 2026.

Isidro Aguado
Isidro Aguado -

por Isidro Aguado Santacruz

21/04/2026 18:20 / Uniradio Informa Baja California / Columnas / Actualizado al 21/04/2026

_"No basta con abrir las puertas al mundo si no somos capaces de proteger a quienes entran por ellas."_

Por: Isidro Aguado

Hay lugares en el mundo que trascienden la geografía y se convierten en alma de un pueblo. Teotihuacán es uno de ellos. Su nombre en náhuatl lo dice todo: "el lugar donde los hombres se convierten en dioses". Construida entre el año 100 antes de Cristo y el 600 después, esta ciudad prehispánica es la zona arqueológica con mayor afluencia de visitantes en todo México, por encima de Chichén Itzá, Tulum y Palenque juntos. Antes de la pandemia, Teotihuacán recibía más de 3.4 millones de visitantes al año, y en lo que va de 2026, Chichén Itzá, Teotihuacán y Tulum en conjunto han atraído más de 840 mil visitantes en los primeros meses del año. Es patrimonio de la humanidad. Es el rostro más antiguo de México ante el mundo. Y el lunes 20 de abril de 2026, ese rostro quedó manchado de sangre.

Un sujeto identificado por las autoridades como Julio César Jasso Ramírez subió antes del mediodía a la Pirámide de la Luna, en la zona arqueológica de Teotihuacán, y disparó contra los turistas que ahí se encontraban; asesinó a una canadiense e hirió a siete visitantes entre colombianos, estadounidenses, canadienses, un ruso y un brasileño; otros seis paseantes resultaron lesionados al caer de la estructura en su intento por escapar; minutos después, el agresor se suicidó. Las imágenes dieron la vuelta al mundo en minutos. México despertó ese martes siendo noticia internacional, y no precisamente por su riqueza cultural.

Lo que ocurrió en Teotihuacán no es solo un crimen. Es un síntoma. Es el reflejo de un país que lleva años desangrándose en silencio, que ha normalizado el horror hasta el punto de que el propio gobierno tuvo que salir a decir que era "la primera vez" que algo así ocurría en un sitio arqueológico, como si esa precisión bastara para contener el escándalo. La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que no hay arcos de seguridad en los sitios arqueológicos del país y que nunca los ha habido, porque nunca se había presentado esta situación. La pregunta que no tiene buena respuesta es: ¿cuántas situaciones más tienen que presentarse antes de que México se prepare para lo que ya está ocurriendo?

Y lo que ya está ocurriendo es devastador. El país cerró 2025 con casi 14 mil personas que siguen desaparecidas, cárteles que operan con tácticas de guerra, ciudades atrapadas en conflictos internos y economías locales sometidas por las extorsiones del crimen organizado. Hasta mayo de 2025, México acumulaba más de 133,000 personas desaparecidas, más de 72,100 cuerpos sin identificar y la localización de 5,696 fosas clandestinas. No son cifras abstractas. Son madres que buscan a sus hijos en el monte con las manos. Son familias que no tienen a quién enterrar. Son colectivos de búsqueda que salen al campo sabiendo que pueden no regresar, y que han formado más de 230 grupos de búsqueda para investigar desapariciones, localizar fosas y enfrentar amenazas del crimen organizado.

De enero a junio de 2025 se registraron 14,488 presuntos homicidios en México, lo que se traduce en cerca de 80 personas asesinadas cada día. El gobierno presume una reducción, y técnicamente los números han bajado respecto al pico histórico, pero la violencia letal acumuló un aumento de 68.2% en la última década. Ese es el contexto real. No la foto de un solo año, sino el retrato de una generación entera viviendo bajo el signo del miedo. Dos tercios de los homicidios son cometidos por el crimen organizado, y dos tercios de ellos se ejecutan con armas de fuego que llegan al país mediante contrabando desde Estados Unidos.

Los estados más castigados hablan por sí solos. Colima registró por tercer año consecutivo la tasa de homicidios más alta del país, mientras que Guanajuato ocupó el segundo lugar con 49.3 muertes por cada 100,000 habitantes, impulsado por la guerra entre el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Santa Rosa de Lima. Jalisco, sede mundialista y escaparate internacional de México, es la base de operaciones del CJNG, el cártel más poderoso y más violento del continente.

En Jalisco ocurrió el hallazgo del rancho Izaguirre, en Teuchitlán, identificado por colectivos como un sitio de desaparición, exterminio y posible adiestramiento criminal, uno de los episodios que más conmocionaron al país en 2025. Nuevo León, sede de Monterrey, otra de las ciudades del Mundial, registró una tasa de homicidios de 34.2 por cada 100,000 habitantes en 2024, con el CJNG y el Cártel del Golfo disputándose sus rutas comerciales y sus redes de extorsión. El Estado de México y la Ciudad de México, corazón del torneo y sede del partido inaugural, encabezaron la lista de entidades con mayor prevalencia delictiva del país en 2024, con tasas de victimización de 36,228 y 31,788 por cada 100,000 hombres, respectivamente.

La extorsión y el cobro de piso son quizá los delitos más corrosivos del tejido social mexicano, porque no solo arrebatan dinero: destruyen la voluntad de vivir y emprender. En el primer semestre de 2025 se registraron 5,887 víctimas de extorsión, la cifra más alta en registros oficiales y un aumento del 83% en una década. Las entidades con mayor número de extorsiones de enero a mayo de 2025 fueron el Estado de México, Guanajuato, Ciudad de México, Nuevo León y Veracruz. Y eso es solo lo que se reporta: el delito de extorsión registra una cifra oculta de 97%, lo que significa que de cada 100 extorsiones, 97 nunca se denuncian. La gente no denuncia porque no confía, porque sabe que denunciar puede costarle la vida, porque el Estado lleva décadas fallando en protegerlos.

Las mujeres viven su propio infierno dentro de este infierno. Los feminicidios, esa forma extrema de violencia que el Estado mexicano reconoce como categoría penal precisamente porque no es solo un homicidio sino el asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer, siguen ocurriendo con una regularidad que debería avergonzar a cualquier gobierno. Estados como Morelos se ubican entre los de mayor incidencia de personas desaparecidas del país, con un aumento de 45.6% en las desapariciones entre enero de 2025 y enero de 2026, afectando con mayor fuerza a mujeres y jóvenes. En 2024, el costo total del delito y la inseguridad para los hogares mexicanos se estimó en 269.6 mil millones de pesos, equivalente al 1.07% del Producto Interno Bruto. México no solo paga con sangre: paga con su futuro económico.

Y en medio de todo esto, el Mundial 2026 se acerca. El 11 de junio, en el Estadio Azteca, México enfrentará a Sudáfrica en el partido inaugural del torneo, en el primer estadio de la historia en recibir tres partidos inaugurales de distintos mundiales. Se anticipa que México recibirá 5.5 millones de visitantes durante el desarrollo del torneo, con alrededor de 836 mil turistas directamente vinculados a los partidos, provenientes de decenas de países. Hablamos de canadienses, estadounidenses, europeos y latinoamericanos que llegarán a Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey con sus familias, sus ahorros y sus teléfonos. Hablamos de personas que, como la turista canadiense asesinada el lunes en Teotihuacán, solo querían conocer México. La infraestructura hotelera de la capital ya ha sido declarada insuficiente para absorber semejante demanda y eso es solo el problema logístico. El problema de fondo tiene otro nombre: seguridad.

La presidenta Sheinbaum señaló que el tiroteo en Teotihuacán es un caso aislado y que no afectará al turismo del Mundial, afirmando que "el turismo en México no ha tenido nunca ningún problema". Uno quisiera creerle. Pero los datos no mienten, y los turistas que lleguen a este país en junio no van a googlear los comunicados oficiales: van a ver los videos que ya circulan en todo el mundo de un hombre disparando desde la cima de una pirámide sagrada. Van a leer las alertas de viaje de sus gobiernos. Van a calcular si el riesgo vale la pena.

México tiene un alma grande, una cultura incomparable, una hospitalidad que no tiene par en el mundo. Pero llevar décadas sin resolver la crisis de seguridad, con más de cien mil desaparecidos, con extorsiones récord, con feminicidios que no cesan, con cárteles que operan a la luz del día, y pretender que todo está bajo control a cincuenta días del evento deportivo más visto del planeta, no es optimismo: es negación. El mundo nos está mirando. La pregunta es si México está dispuesto a mirarse a sí mismo con la misma honestidad.

Adaptarse al compás de la vida no es tarea sencilla; en Cambio de ritmo, intento no perder el paso. Que tengan un excelente fin de semana lector@s.

*_El columnista es abogado, académico y analista político, autor de: Un país imaginario y Tras las cortinas del poder. Escribe todos los martes y viernes, su columna, Cambio de ritmo._