Columnas

El viacrucis de Ulises: su regreso a Ítaca

El Colef El Colegio de la Frontera Norte
El Colef 18-08-2026

La película La Odisea, de Christopher Nolan, ha generado una amplia discusión pública. Está inspirada en un poema épico del siglo VIII a.C., cuya autoría se le atribuye al poeta griego Homero, desde hace casi 30 siglos. Muchos alaban al cineasta por su interpretación de La Odisea de Homero.** Otros lo critican por no seguir a pie juntillas el guion de la obra, respetando la estructura de los 24 cantos que lo integran, la intervención constante de los dioses, el uso de expresiones homéricas, la representación de sus monstruos y el desenlace violento del asunto en el clímax de la trama (Canto XXIV). No soy partícipe de esa discusión, pero sí me sirvo de la ocasión para comentar algunos de los muchos elementos significativos de la obra que tienen una pertinencia destacada en nuestros días. 

     En su poema de 24 cantos, o rapsodias, Homero pinta con pinceladas indelebles al héroe de la guerra de los griegos Menelao y Agamenón contra Troya. Ulises es retratado en toda su humanidad en un relato inspirador que trasciende el tiempo (milenios) y el espacio (países) en el que se detallan las peripecias enfrentadas en su retorno a Ítaca, después de diez años de guerra. Ulises padece un viacrucis en su regreso a casa, navegando en el lomo de enfurecidas y gigantescas olas de profundos y bravos mares e islas desconocidas, trayecto durante el cual destacan el valor trascendente del esfuerzo y la perseverancia, entre otras virtudes necesarias para enfrentar los retos y las pasiones humanas.  

Como decía mi abuelita: para muestra, un botón. Por esta ocasión presento tres.

     Tras una década de no poder derrotar a Troya, Ulises propone al jefe de los ejércitos griegos, Agamenón, una estratagema de engaño y astucia: la construcción de un gigantesco caballo de madera preñado con los mejores guerreros y presentárselo a Príamo, rey de Troya, como un gesto de paz, a la vez que concentraban a sus ejércitos en un lugar cercano, no visible desde las alturas de Troya. Los troyanos, creyéndose ganadores, metieron el engañoso regalo de madera y festejaron hasta el cansancio. Cuando se durmieron, los griegos salieron de las entrañas del caballo, abrieron los portones a sus ejércitos y destruyeron a Troya. Este pasaje, relatado en el Canto VIII, muestra cómo el ingenio puede resolver lo que la fuerza bruta, o un prolongado asedio, no logra. La astucia de Ulises posibilitó la derrota de Troya. Desde entonces la expresión del Caballo de Troya es referida a estratagemas perniciosos.

     Terminada la guerra, Ulises emprende su regreso a Ítaca.  El Canto IX describe el enfrentamiento que tuvo con el cíclope Polifemo; la astucia y el ingenio de Ulises derrotan a la fuerza descomunal del monstruo.  Extasiado, Ulises tiene una expresión reprobable de hybris (orgullo desmedido, vanidad) que le causa daño posteriormente, lo cual lo hace reflexionar sobre la importancia de la templanza. El Capítulo X narra la metáfora del "Canto de las Sirenas".  La diosa Circe alerta a Ulises sobre el peligro mortal de escuchar el seductor canto al pasar el barco por el sitio donde estaban. El prudente Ulises ordena a sus hombres taparse los oídos con cera, y con admirable fuerza de voluntad instruyó atarlo a él fuertemente al mástil del barco sin poder moverse; quería escuchar y conocer el tamaño del peligro, experimentando un deseo irrefrenable de nadar hacia ellas, pero sus compañeros lo sujetan con fuerza hasta dejar atrás el peligro. Esta metáfora alude a precaverse de halagos, tentaciones y promesas falsas que intentan engañar, seducir o manipular.

     Así, cada uno de los 24 cantos refieren las consecuencias derivadas de la conducta del héroe ante las condiciones enfrentadas. La Odisea, un libro para el siglo XXI.

*Secretario General de Planeación y Desarrollo Institucional, El Colegio de la Frontera Norte, A.C.

**Homero, La Odisea. UNAM: 1921.

18 de agosto de 2026.