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La carrera anticipada por Baja California

Isidro Aguado Santacruz
Isidro Aguado Santacruz Archivo

por Isidro Aguado Santacruz

13/01/2026 14:55 / Uniradio Informa Baja California / Columnas / Actualizado al 13/01/2026

_"La política comienza cuando se cree que el poder puede heredarse, y termina cuando la sociedad deja de preguntarse para qué sirve."_
— Max Weber

Por Isidro Aguado Santacruz

Hace unos días, durante una charla informal, un colega me mostró una nota y, con ironía, la leyó en voz alta: "Se mueven las piezas para la gubernatura en el estado". Sonrió y añadió que ya empezaban a circular las encuestas de siempre, esas que cada seis años aparecen puntuales para preguntarnos a quién nos gustaría ver como gobernador o gobernadora. "Tú sabes —me dijo— que muchas son ejercicios pagados. ¿Por qué no escribes sobre esto?". Le respondí con franqueza que no me interesaba, porque rara vez esos personajes dejan algo duradero. Guardé silencio unos segundos y al final acepté: está bien, haré la columna a partir de eso.

En Baja California el calendario electoral no se adelanta por ley, sino por inercia. Mucho antes de que exista una convocatoria formal, los grupos de poder comienzan a ensayar sus movimientos como si el proceso ya estuviera en marcha. A mediados de enero de 2026, mientras la vida cotidiana del estado sigue marcada por carencias elementales —seguridad precaria, servicios públicos colapsados, ciudades que crecen sin planeación, rezagos educativos persistentes y una economía fronteriza que no logra traducirse en bienestar social—, la clase política vuelve a encerrarse en la lógica de siempre: repartir el futuro entre los mismos apellidos.

No es casual que en la conversación pública reaparezcan figuras que llevan décadas orbitando la gubernatura. Jorge Hank Rhon, exalcalde de Tijuana y actual empresario al frente de Grupo Caliente, anunció recientemente que no buscará la candidatura en 2027. El anuncio, sin embargo, dista de ser un retiro. Todo indica que su apellido seguirá presente, quizá a través de Juan Carlos Hank Krauss, ex regidor de Tijuana, o de César Hank, hoy presidente estatal del Partido Encuentro Solidario. La maniobra es reveladora: no se abandona el poder, se administra como herencia.

Este tipo de movimientos se explica por un contexto adverso para los proyectos personales. Las mediciones de opinión sitúan a Morena con ventaja amplia en el estado, mientras el PES apenas sobrevive en el umbral de la irrelevancia electoral. Para un empresario con fortuna significativa y redes de influencia consolidadas, insistir en una candidatura testimonial sería desperdiciar capital político. Resulta más rentable tejer alianzas, explorar pactos discretos y mantener una relación funcional con el gobierno en turno. De ahí los rumores persistentes sobre encuentros entre operadores cercanos a Hank, como Mario Madrigal Magaña, con actores desplazados pero aún influyentes, entre ellos Jaime Bonilla Valdez, exgobernador de Baja California y representante del Partido del Trabajo en Baja California.

En el otro extremo del tablero se encuentra Fernando Castro Trenti, actualmente diputado federal por Morena, político de larga trayectoria que transitó del PRI al partido gobernante en 2018. Su figura ilustra una de las paradojas centrales de la llamada transformación: la renovación discursiva convive con la continuidad biográfica. A su alrededor se mueven otros aspirantes varones que ya ocupan cargos estratégicos: Ismael Burgueño Ruiz, presidente municipal de Tijuana; Jesús Alejandro Ruiz Uribe, ex delegado federal de programas para el Bienestar en Baja California; Armando Ayala Robles, senador de la República y Alfredo Álvarez Cárdenas, secretario general de Gobierno del estado. Todos comparten un rasgo: se han formado dentro del sistema político tradicional, aun cuando hoy operen bajo nuevas siglas.

La discusión se ha centrado en ellos, no por un desdén explícito hacia las mujeres, sino porque se ha instalado con fuerza la versión de que la candidatura será masculina. Ese rumor, repetido con insistencia, condiciona expectativas y margina anticipadamente a las aspirantes. No obstante, el escenario femenino no es menor.

Julieta Ramírez Padilla, senadora de la República, inició el ciclo con un despliegue notable de presencia mediática y estructura territorial. Sin embargo, su cercanía con el senador Adán Augusto López Hernández —hoy políticamente debilitado— ha mermado su proyección interna. Monserrat Caballero Ramírez, exalcaldesa de Tijuana, vivió hace algunos meses una ruptura con Morena tras conflictos internos que la llevaron a renunciar y sumarse al Partido del Trabajo, desde donde intenta reconstruir su plataforma política. Evangelina Moreno, diputada federal por Morena, avanza con un perfil técnico y sin tropiezos públicos, fortaleciendo vínculos tanto con el círculo de la presidenta Claudia Sheinbaum como con la dirigencia nacional del PT. Norma Alicia Bustamante, presidenta municipal de Mexicali, ha descartado formalmente buscar la gubernatura. Claudia Agatón, alcaldesa de Ensenada, ha manifestado su intención de competir, aunque no parece contar con el respaldo de la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda ni con la simpatía de los partidos aliados.

El trasfondo de esta disputa es más grave que la lista de nombres. Mientras la clase política se concentra en herencias, pactos y posicionamientos internos, el estado sigue sin resolver problemas estructurales: homicidios que mantienen a Tijuana entre las ciudades más violentas del país, sistemas de transporte obsoletos, crisis hídrica en Mexicali, deterioro urbano en Ensenada, informalidad laboral creciente y una frontera que produce riqueza sin redistribuirla. Ninguno de estos temas domina la conversación sucesoria.

Lo que se observa es la reproducción de un patrón: el poder como botín negociable, no como mandato social. En Baja California, la gubernatura se discute como si fuera una propiedad transferible entre clanes, partidos y aliados coyunturales. Mientras esa lógica persista, la alternancia será sólo cosmética. Cambiarán los rostros —Hank, Castro Trenti, Burgueño, Ruiz Uribe, Ayala, Álvarez, Ramírez, Caballero, Moreno, Bustamante, Agatón—, pero no la pregunta central: ¿cuándo se hablará, en serio, de lo que necesita el estado y no sólo de quién lo administrará?

Adaptarse al compás de la vida no es tarea sencilla; en Cambio de ritmo, intento no perder el paso. Que tengan un excelente INICIO de semana lector@s.

*_El columnista es académico y analista político, autor de: Un país imaginario y Tras las cortinas del poder. Escribe todos los martes y viernes su columna Cambio de ritmo._