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Política Postcinista

"Quien quiera la paz, que prepare sus ejércitos", Gustavo Bueno

Isidro Aguado Santacruz
Isidro Aguado Santacruz Archivo

por Isidro Aguado Santacruz

06/01/2026 16:54 / Uniradio Informa Baja California / Columnas / Actualizado al 06/01/2026

Sé que han circulado ya numerosos textos sobre este episodio; aun así, comparto mi modesta opinión. La madrugada del 03 de enero, mientras buena parte del continente dormía, un operativo quirúrgico —atribuido al llamado equipo Delta— irrumpió en Caracas y ejecutó la captura de Nicolás Maduro. Sin ráfagas audibles, sin cadáveres en cadena nacional, sin imágenes que acrediten la versión oficial. Todo demasiado aséptico para un país que lleva décadas respirando conflicto. Tan pulcro que parece un montaje cuidadosamente ensayado.

Estimad@s lectores, les pregunto lo siguiente: ¿qué país estaba destruyendo Estados Unidos el año en que naciste? Te comparto la lista, China, 1945-46; Siria, 1949; Corea, 1950-53; China, 1950-53; Irán, 1953; Guatemala, 1954; Tíbet, 1955-70; Indonesia, 1958; Cuba, 1959; Congo, 1960; República Dominicana, 1961; Vietnam, 1961-73; Brasil, 1964; Guyana Británica, 1964; Congo, 1964; República Dominicana, 1965-66; Laos, 1964-73; Indonesia, 1965; Perú, 1965; Grecia, 1967; Guatemala, 1967-69; Camboya, 1969-70; Chile, 1970-73; Argentina, 1976; Angola, 1976; Turquía, 1980; Polonia, 1980-83; El Salvador, 1981-91; Nicaragua, 1981-90; Camboya, 1980-91; Líbano, 1982-84; Granada, 1983; Libia, 1986; Irán, 1987-88; Libia, 1989; Filipinas, 1989; Panamá, 1989-90; Haití, 1991; Irak, 1991; Kuwait, 1991; Somalia, 1992-94; Irán, 1992; Bosnia, 1995; Irak, 1998; Yugoslavia, 1999; Afganistán, 2001; Afganistán, 2002; Yemen, 2002-03; Irak, 2003; Somalia, 2006-07; Irán, 2009-20; Honduras, 2009; Libia, 2011; y ahora Venezuela, 2026.

Nada de esto es improvisado. Venezuela concentra la mayor reserva de petróleo del planeta, la mayor reserva de oro del continente y minerales estratégicos que hoy son más valiosos que cualquier discurso sobre libertad. Llega además en un momento particularmente incómodo para Washington: después de décadas de haber edificado su poder sobre el petrodólar —ese sistema por el cual el mundo debía comprar dólares para luego poder comprar petróleo—, el modelo comenzó a resquebrajarse cuando países como Venezuela e Irán empezaron a vender en otras monedas a Rusia y a China. Estados Unidos, que se desindustrializó y convirtió su economía en un gigantesco casino financiero, quedó expuesto. El nerviosismo no es ideológico: es estructural.

Trump aterriza en 2026 con la casa ardiendo. Inflación persistente, desempleo al alza, escándalos que lo dejan con 39% de aprobación y 56% de desaprobación. Con elecciones intermedias en el horizonte, necesitaba un golpe de escena. Y lo tuvo. En 2025, 70% rechazaba una intervención en Venezuela; hoy el país está partido: 42% en contra, 40% a favor. Suficiente para polarizar, distraer y gobernar por sobresalto.

La magnitud del botín explica el silencio moral. La reserva petrolera venezolana vale más que el PIB del mundo entero si se excluye a Estados Unidos y China; es cuatro veces el PIB de Japón. Eso es lo que Trump está intentando poner bajo tutela: un país convertido en cifra, una nación reducida a activo estratégico.

Trump no fue ambiguo: "petróleo". La restauración del sector, con reservas estimadas en 300 mil millones de barriles, es la prioridad. Calculan 18 meses para reactivar la industria con miles de millones de dólares, inversión privada subsidiada por Washington y supervisión directa de Marco Rubio, Pete Hegseth, Stephen Miller y el vicepresidente J. D. Vance. La ocupación ahora se disfraza de gerencia.

Spinoza se preguntaba por qué los hombres luchan por su dominación como si fuera su libertad. Lacan fue más cruel: todas las revoluciones son esclavos peleando por nuevos amos. Hoy hay quienes suplican invasiones como si pidieran salvación. Colonialismo en versión siglo XXI.

Todo esto no son hechos aislados ni decisiones erráticas. Comparto ahora los siguientes puntos porque ayudan a entender que la captura de Maduro no es un evento, sino un mensaje: una demostración de poder dirigida tanto al sur como a los propios aliados, una advertencia para China y Rusia, y una señal interna para una sociedad estadounidense fatigada, distraída y emocionalmente saturada. No es política exterior: es pedagogía imperial.

1. El derecho internacional ya no existe. Mucho menos aquello del "mundo basado en reglas". Había quedado herido en Gaza y ahora Trump lo certifica en su propio "patio trasero". Hoy impera la fuerza como principio ordenador. América Latina retorna al marco de finales del siglo XIX y principios del XX: una zona de intervención estadounidense conforme a sus intereses geopolíticos fundamentales, justo cuando el imperio vuelve a centrarse en los recursos que necesita de su entorno inmediato: petróleo, minerales estratégicos, tierras cultivables, agua y posiciones logísticas clave como puertos y corredores marítimos.

2. En el planeta sólo existen tres potencias realmente soberanas: Estados Unidos, China y Rusia. Soberanas porque pueden actuar sin pedir permiso. Cuentan con capacidad militar, tecnología, profundidad histórica, población, territorio y redes de alianzas para hacerlo. Una de ellas —la aún más decisiva en términos militares y financieros— está encabezada por un líder al que no le importa el derecho internacional ni la democracia, ni siquiera en su propio país. Las otras dos, una en pleno ascenso (China) y la otra cercada en su esfera de influencia (Rusia), responderán en consecuencia. La historia no perdona ingenuidades.

3. Ucrania y Taiwán deberían estar profundamente inquietas. Nada se resolverá por la vía "democrática" ni bajo marcos jurídicos hoy inexistentes. Por sí solas no tienen capacidad real para resistir un asedio sostenido. En el caso de Taiwán, el problema es aún más delicado: cultural e históricamente es parte de China, y eso convierte cualquier discurso occidental en simple retórica.

4. América Latina está condenada a su papel de enano geopolítico. Lo confirmo al observar cómo derechas y élites celebran una violación tan burda como la que Trump acaba de consumar en Venezuela. Las acusaciones sobre el llamado "cartel de los soles" son el libreto perfecto: un pretexto funcional. Venezuela, según datos de la propia ONU, tiene un rol marginal en el narcotráfico internacional. No es un actor estructural en ese mercado. La narrativa antidrogas sirvió como cortina jurídica para ir por el petróleo. Y el verdadero peligro es el precedente: hoy fue Maduro; mañana, ¿qué país será?

Y aquí entra la jugada maestra de distracción. Mientras la agenda mediática se saturaba con la "liberación de Venezuela", el escándalo Jeffrey Epstein se desvanecía del radar público. Fue una operación casi perfecta: el mayor escándalo sexual-político de la historia reciente sepultado bajo la épica de una intervención "liberadora". El llamado cartel de los soles. Así opera hoy el poder: no sólo conquista territorios, también secuestra la atención.

Entonces, ¿por qué hablar de política postcinista? Porque ya no estamos ante la hipocresía clásica de los discursos sobre libertad y democracia, sino ante una etapa donde el poder ni siquiera se molesta en fingir. La guerra mutó: hoy se libra con petróleo. Tal vez estemos entrando en un periodo previo a una tercera guerra mundial que no comenzará con bombas, sino con silencios, espectáculos y operaciones "limpias". Somos, en efecto, una generación postcinista: sabemos que todo esto es brutal, lo entendemos, lo vemos... y aun así seguimos adelante. Yo, por lo pronto, continuaré siendo cínico, porque en tiempos donde el poder ya no se disfraza, el cinismo no es humor: es supervivencia.

Adaptarse al compás de la vida no es tarea sencilla; en Cambio de ritmo, intento no perder el paso. Que tengan un excelente INICIO de semana lector@s.

*_El columnista es académico y analista político, autor delos libros Un país imaginario y Tras las cortinas del poder. Escribe todos los martes y viernes, su columna, Cambio de ritmo.