Sargazo en Quintana Roo: un año difícil
José Luis Castro Ruiz[1]
Los escenarios en torno al arribo del sargazo en las playas de Quintana Roo para este año se pronostican más complicados. A diferencia del patrón estacional de años anteriores, desde el mes de enero se empezó a advertir la presencia de la macroalga en diferentes puntos a lo largo del litoral del estado. Estas nuevas condiciones se agregan por un lado a los cuestionamientos y trabajo de la comunidad científica internacional sobre la extensión del fenómeno y sus causas, con impactos que afectan en estos momentos al menos a 20 países en el continente americano y en África Occidental. Por otro lado, y a nivel local, la interrogante es si existe la capacidad y disponibilidad de recursos por parte de los diferentes niveles de gobierno involucrados para hacer frente a los volúmenes adicionales de sargazo, considerando la magnitud de importancia que tiene ya el fenómeno para la industria turística y las actividades económicas en las zonas afectadas.
Desde su detección en 2011, la evolución del llamado Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico ha probado ser un fenómeno extremadamente complejo y dinámico. Si bien existe un conocimiento fundamental sobre las causas principales de su crecimiento -nutrientes provenientes de ríos, aumento de temperaturas oceánicas, deposición atmosférica de contaminantes, cambios en las corrientes marinas y de vientos-, la interacción a gran escala y el comportamiento impredecible de estos factores dificultan notablemente su investigación. El monitoreo constante de Instituciones como la Universidad de Florida y la NASA entre otras han constatado el crecimiento de este cinturón en los últimos años hasta una longitud cercana a los nueve mil kilómetros entre las costas del África Occidental y su vecindad con el mar Caribe. Se estima que la presencia del sargazo en las zonas afectadas se incrementará en 75% en el presente año.
En el caso de Quintana Roo, la atención a la presencia del sargazo ha evolucionado desde programas y acciones básicamente reactivas en los primeros años, con críticas por parte de especialistas en el tema -falta de entendimiento del fenómeno, fallas en la coordinación de actividades y de voluntad política en torno a las acciones y proyectos iniciados- a esquemas intergubernamentales más organizados conforme el fenómeno ha adquirido proporciones mayores. Particularmente 2025 fue un año récord en cifras de arribo y recolección, lo que dejó enseñanzas en términos de preparación y capacidades. En la actualidad, Quintana Roo dispone de un centro de monitoreo del comportamiento del sargazo al arribar a las playas del estado, que entró en funciones en octubre de 2025. Existe asimismo desde octubre de 2023 un marco de acción coordinado bajo el nombre de Estrategia Integral para el Manejo y Aprovechamiento del Sargazo (EIMAS), del que se han reportado avances en los siete ejes que la conforman, particularmente el manejo integral y aprovechamiento de la macroalga. A pesar de estas acciones, los gobiernos e instituciones involucradas han reconocido la existencia de rezagos en la infraestructura actual de contención y recolección de las concentraciones de sargazo antes de su arribo a las playas, un aspecto crítico, lo que ha movido a designar partidas adicionales sobre lo presupuestado en este año para incrementar dichas medidas.
Si bien existe optimismo entre la comunidad científica internacional sobre soluciones al fenómeno, su actualidad mueve a la necesidad de entenderlo como una nueva normalidad cotidiana en los años venideros, con impactos ecosistémicos y de adaptación de los sectores implicados. Una realidad que no podrá soslayarse en términos presupuestales en las agendas gubernamental y de la iniciativa privada si la prioridad es mantener la posición que guarda el estado como destino turístico de primer orden nacional e internacionalmente.
[1] Profesor-investigador miembro del SNII. jlcastro550@gmail.com