El tiempo y su relevancia para la democracia
Cada mes de mayo los espacios públicos y privados se llenan de felicitaciones, obsequios y festejos para las madres. Sin embargo, detrás de las flores, los festivales escolares y de las organizaciones está la realidad de las personas que protagonizan este día. A través de los resultados de la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo del INEGI permiten dimensionar con claridad esta situación: las madres subsidian la estabilidad social y económica, a costa de su salud física y mental, así como de su participación política.
Datos de la encuesta de 2024 muestran que, del tiempo total dedicado al trabajo como sociedad, el 51 % se destina al trabajo no remunerado, que incluye labores domésticas entre el que están las labores como la limpieza, la preparación de alimentos y de cuidado de la familia (nuclear y extendida). La mayor parte de esta carga recae en las mujeres, quienes realizan casi el 69 % de este tipo de trabajo. En términos prácticos, las mujeres dedican 40 horas semanales al trabajo no remunerado, mientras los hombres destinan solamente 18 horas.
Al analizar los tipos de trabajo no remunerado, se observan brechas de género muy relevantes:
- Trabajo doméstico (limpieza y alimentos): Mujeres dedican 28 horas; hombres 12 horas.
- Trabajo de cuidados: Mujeres dedican 14 horas; hombres 9 horas.
- Trabajo comunitario y apoyo a otros hogares: Mujeres dedican 8 horas; hombres 6 horas.
Estos datos reflejan que la brecha más grande se identifica en las labores domésticas (limpieza de la casa y más), y siguen siendo las mujeres quien mayoritariamente mantiene el hogar en óptimas condiciones, y elabora los alimentos.
En cuanto al trabajo remunerado, el 48 % de las mujeres entrevistadas participa en el mercado laboral, frente al 75 % de los hombres. En horas semanales, las mujeres dedican 42 horas y los hombres 51. La Encuesta también arroja un dato preocupante: las mujeres con empleo remunerado de más de 40 horas semanales realizan, además, 13 horas adicionales de trabajo no remunerado.
Como se ha dicho en múltiples ocasiones, la participación política no se limita al ejercicio del sufragio; implica vigilar, deliberar y actuar a favor de intereses públicos para el bien de la sociedad. Y formar parte de una sociedad "que se dice democrática", requiere de un bien que no está distribuido equitativamente: el tiempo.
En definitiva, sin tiempo no hay participación política de calidad. Cuando una madre es la principal responsable de limpiar la casa, gestionar la salud de los hijos y administrar el hogar, pierde la posibilidad de asistir a asambleas vecinales o informarse sobre la política local. Incluso, puede ser que la sobrecarga mental sea una de las principales razones por las que generalmente los hombres tienen, el tiempo y el espacio mental, para opinar sobre política mientras que las mujeres no lo tienen.
Todo esto nos demuestra que los resultados de la Encuesta del INEGI deben analizarse bajo la luz de la salud democrática, pues el sistema democrático exige igualdad entre ciudadanos, pero ¿cuántas visiones sobre desarrollo urbano, social de justicia y educación se pierden porque sus autoras están limpiando o cocinando?
En el marco del Día de las Madres, vale la pena dejar de romantizar la abnegación que siempre se ha esperado de las madres. Se deben acelerar los cambios relacionados con el entendimiento que tenemos de los cuidados, y del trabajo del hogar para que dejen de ser tareas exclusivas de las mujeres, y se vuelvan labores que se distribuyan equitativamente en el hogar. Mientras el tiempo de las mujeres siga hipotecado a favor del trabajo no remunerado, nuestra democracia seguirá teniendo un déficit de representatividad que ninguna cuota de género, podrá llenar por completo.