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Terminar sin destruirte, ni destruir

Febrero suele venir cargado de flores, promociones y expectativas románticas. Pero también es una temporada en la que las relaciones terminan.
Columna Psicología para Todos CETYS Universidad

Por: Dra. Diana Andrade González*

Febrero suele venir cargado de flores, promociones y expectativas románticas. Pero también es una temporada en la que las relaciones terminan. Y aunque romper no es un fracaso, sí puede convertirse en una experiencia innecesariamente dolorosa cuando las emociones, sobre todo el enojo, toman el control.

En algún momento, mi terapeuta me compartió una idea que resulta especialmente útil cuando las emociones se experimentan de manera intensa. No como forma de reprimir lo que sentimos, sino como guía para no hacernos más daño. Tres reglas simples que pueden servir como brújula al terminar una relación: no te dañes a ti, no dañes al otro y no dañes lo tuyo.

No dañarte a ti implica no usar la ruptura como castigo personal. Dejar de comer, dormir mal, consumir más alcohol o aislarte no son formas útiles para procesar una ruptura. El dolor emocional ya es suficiente; no hace falta agregarle descuido físico o mental.

No dañar al otro no significa negar el enojo ni terminar bien a la fuerza. Significa no usar la agresión, la humillación, el chantaje o la venganza como válvulas de escape. Exponer, insultar o lastimar pueden dar una sensación momentánea de alivio, pero suelen dejar consecuencias que duran más que la relación misma.

Y no dañar lo tuyo es quizá la regla más olvidada. No solo se trata de tu trabajo o tus estudios, sino también de tus recursos personales, tus amistades valiosas, la gente que te sostiene y tu entorno. Romper redes, alejarte de quienes te apoyan o ponerlos en medio del conflicto es otra forma de perder más de lo que ya se perdió. La relación terminó; tus apoyos no tendrían por qué hacerlo.

Cerrar un vínculo no es solo decir ya no. Es decidir cómo quieres atravesar ese cierre. El objetivo no es salir ileso, sino salir íntegro. Con emociones, sí. Con dolor, probablemente. Pero sin perderte en el proceso.

Cuando terminar se vuelve abrumador, confuso o repetitivo, acudir a terapia puede marcar una diferencia real. No para que alguien te diga qué hacer, sino para contar con un espacio que te ayude a sostener lo que duele sin destruirte en el intento.

Tal vez este 14 de febrero no se trate de celebrar el amor romántico, sino de aprender a terminarlo con dignidad. Porque a veces, la forma más sana de querer, a otras/os y a una/o misma/o, es saber cuándo parar.

*La Dra. Diana es académica de la Escuela de Psicología de CETYS Universidad Campus Tijuana.

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