Baja California: la decisión más esperada de 2026
"En política, los tiempos no son casualidad. Son mensajes."
Quizás, estimada lectora, estimado lector, cuando cierres esta columna y salgas camino a casa después de una larga jornada laboral, ya tendrás el nombre. Lo escucharás en la radio del coche, lo verás en la notificación del teléfono, alguien te lo mandará por WhatsApp antes de que llegues a la esquina. Este martes 15 de septiembre, a las 17:00 horas en el World Trade Center de la Ciudad de México, Morena presenta a su coordinadora o coordinador estatal de la Defensa de la Transformación en Baja California. Lo que en el vocabulario del partido significa, traducido al español político de todos los días: el nombre de quien competirá por la gubernatura del estado en la elección de 2027. Y mientras tú lees esto, los partidos de oposición ya tienen preparada su reacción. Ya redactaron el comunicado. Ya tienen la cita lista para los medios. Solo esperan el nombre para poner en blanco quién es el adversario al que deberán enfrentar en los próximos doce meses. En política, los anuncios importantes siempre tienen más de un destinatario.
El anuncio, cuidadosamente programado en la semana de fiestas patrias — cuando la presión mediática baja y la actividad política entra en pausa relativa — no fue casual. En política los tiempos siempre son mensajes. Y este mensaje llegó a todos los que durante meses compitieron, negociaron y esperaron en silencio. Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, convocó a todos los registrados a estar presentes en el acto — no solo a quienes tenían posibilidades reales, sino a todos — con la instrucción de que se encontraran en el mismo lugar a la misma hora. Esa convocatoria universal antes del anuncio es, por sí misma, una señal de cómo opera el partido: la decisión ya estaba tomada desde antes, pero el proceso de comunicación requiere que todos estén presentes para que el que resulte favorecido reciba el respaldo visible de quienes no lo fueron. La unidad, en Morena, se construye también en ese momento.
El proceso interno de Baja California fue, desde su inicio, uno de los más competidos y más observados del país. No porque el estado sea el más grande ni el más poblado, sino porque su posición geográfica, su dinamismo económico y su complejidad política lo convierten en uno de los tableros más estratégicos de la elección intermedia de 2027. Baja California es el primer estado en generación de empleo formal en México en lo que va de 2026, con 76 mil 48 nuevos trabajadores asegurados ante el IMSS entre enero y junio, para llegar a un millón 70 mil 951 trabajadores asegurados. Sus exportaciones superan los 5 mil millones de dólares mensuales. Y por sus garitas pasan 300 mil personas diarias, convirtiendo a Tijuana en el cruce fronterizo más transitado del mundo. Gobernar este estado en 2027 no es gobernar una entidad más. Es gestionar la interfaz más estratégica que México tiene con el resto del planeta.
En ese contexto, los perfiles que llegaron al proceso interno con mayor visibilidad pública fueron varios. Julieta Ramírez Padilla, senadora de Morena por Baja California, encabezó durante meses la mayoría de las mediciones internas. Evangelina Moreno Guerra, diputada federal con licencia, fue la primera en separarse formalmente de su cargo para competir en igualdad de condiciones, un gesto de congruencia que no pasó desapercibido entre los observadores del proceso. Alfredo Álvarez Cárdenas, exsecretario general de Gobierno estatal, aportó el perfil más institucional y diverso en experiencia de gestión pública. Ismael Burgueño Ruiz, alcalde de Tijuana con la votación municipal más alta en la historia del municipio, sumó presencia territorial real y reconocimiento ciudadano en la zona metropolitana más grande del estado. Jesús Alejandro Ruiz Uribe, Fernando Castro Trenti y Armando Ayala Robles también mantuvieron presencia en el proceso, cada uno con sus propias redes y sus propios respaldos.
Lo que ninguno de los que compitieron supo con certeza hasta el último momento fue cuál de esos atributos — el reconocimiento en encuestas, la congruencia institucional, la experiencia de gestión, el territorio acumulado o los respaldos en la cúpula — pesaría más en la negociación que produce el nombre que sale. Porque la encuesta, que es el mecanismo formal de selección, es también el instrumento a través del cual se procesan esas negociaciones previas. El que llega con mayor estructura territorial aparece con mejor número. El que llega con el apoyo tácito de quien tiene capacidad de mover piso, llega con mejor número. Y el que llega con ambas cosas, llega con el mejor número de todos.
Mientras tanto, los partidos de oposición observan con una mezcla de atención estratégica e impaciencia calculada. El PAN, que gobernó Baja California durante 30 años consecutivos y perdió el estado en 2019, sabe que recuperarlo en 2027 depende en gran medida de quién sea el perfil que Morena presente, porque no es lo mismo diseñar una campaña contra un candidato con expediente cuestionado que contra uno con trayectoria limpia y arraigo territorial real. El Partido Encuentro Solidario y Movimiento Ciudadano, que aspiran a una coalición opositora, llevan semanas preparando sus propios movimientos internos, conscientes de que la designación de Morena esta tarde marcará el inicio real de la carrera. En política electoral, la identidad del adversario define la estrategia. Y esta tarde todos sabrán quién es el adversario.
Lo que sí puede decirse con certeza, antes de conocer el nombre definitivo, es que la designación en Baja California no le conviene a ningún perfil débil. El estado tiene desafíos de primer orden que no admiten candidaturas sin sustancia real: un índice de inseguridad que lo ubica como el quinto estado menos pacífico del país pese a la reducción del 42 por ciento en homicidios dolosos reportada por el gobierno estatal, un déficit habitacional y de servicios en colonias periféricas que ningún boletín de prensa ha resuelto, y una relación bilateral con California y con la administración federal de Estados Unidos que en los próximos meses se volverá más compleja por la revisión del T-MEC y las presiones migratorias. El gobernador o gobernadora que llegue en 2027 necesitará, desde el primer día, la capacidad de operar en todos esos frentes al mismo tiempo.
La presidenta Claudia Sheinbaum tiene prevista una visita a Baja California el sábado 19 de septiembre, específicamente a Tijuana, para respaldar a la persona designada. Ese respaldo presidencial en una entidad que ha vivido semanas políticamente convulsas — con los audios de la gobernadora Marina del Pilar como telón de fondo permanente — es una señal de que el estado ocupa un lugar prioritario en la agenda política nacional del partido de cara a 2027. No es un gesto de trámite. Es una declaración de que Baja California importa y de que el partido llega a esa designación con la convicción de que puede ganar si el perfil elegido está a la altura del estado que aspira a gobernar.
Queda una pregunta que el proceso interno no resuelve por sí solo y que el ciudadano bajacaliforniano tiene todo el derecho de hacerse antes de que arranque la campaña: ¿qué propone concretamente el perfil designado para los problemas más urgentes de Baja California? No qué perfil tiene. No quién lo respaldó. Sino qué va a hacer con el agua que no llega a las colonias del este de Tijuana, con la inseguridad que sigue siendo el indicador más doloroso para las familias del estado, con la brecha entre la potencia exportadora que muestran las estadísticas del IMSS y la precariedad que sigue siendo la experiencia cotidiana de más de la mitad de los trabajadores bajacalifornianos que ganan hasta un salario mínimo.
Esa pregunta no la responde ninguna encuesta interna. La responde el candidato o candidata en los próximos meses. Y la responde, definitivamente, el ciudadano en las urnas de junio de 2027.
Baja California no necesita un nombre conocido. Necesita un proyecto para el estado más estratégico de México. Que coincidan en la misma persona sería lo ideal. Que por lo menos coincida una de las dos cosas, es lo mínimo que el estado merece.