Monterrey VI: un proyecto del pasado que promete atender el futuro
Lo escuchó bien, el proyecto hídrico Monterrey VI ha regresado. Aunque, si me permite ser honesta, después de leer el resumen ejecutivo de su Manifestación de Impacto Ambiental, sería más preciso decir que, al parecer, nunca se fue.
La nueva propuesta se presentó en agosto de 2026. El nombre ha cambiado ligeramente, ahora se llama: Acueducto Pánuco-Cerro Prieto. Su objetivo principal se mantiene: dar certidumbre al abastecimiento futuro de agua en la zona conurbada de Monterrey. La obra comenzaría en el río Pánuco, en el estado de San Luis Potosí, y recorrería cerca de 390 kilómetros a través de cuatro estados hasta llegar a la presa Cerro Prieto, en Nuevo León. El proyecto prevé desarrollarse en tres etapas, y en la primera, ya se calcula una conducción de 5 mil litros por segundo.
Hasta este punto, estamos frente a una gran obra de infraestructura hidráulica. Sin embargo, ocurre algo extraño en las temporalidades que habitan el proyecto. Sí bien, el resumen ejecutivo está fechado en 2026, en sus páginas reaparece varias veces su antiguo nombre, Monterrey VI. Todavía más interesante es que, al revisar los instrumentos de planeación utilizados para justificar su congruencia. Encontramos el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, el Plan Estatal de Desarrollo de Nuevo León 2010-2015 y los planes estatales de San Luis Potosí, Veracruz y Tamaulipas, todos con vigencias de hace más de una década.
Algo semejante ocurre con los planes municipales. El documento consulta instrumentos que corresponden, según el municipio, a periodos administrativos entre el 2007 y el 2013. No hay necesidad interpretar demasiado: el propio resumen reconoce que no todos los planes municipales de desarrollo se encuentran actualizados, aunque esta misma frase nos deja ver que algunos sí, pero ¿cuáles?
Resulta curioso que un proyecto que promete dar certidumbre al abastecimiento futuro de Nuevo León, explique su relación con el territorio utilizando instrumentos que, en buena medida, pertenecen al pasado, esto importa por algo más que una cuestión de fechas. Desde que Monterrey VI fue concebido, la realidad hídrica, urbana y económica de Nuevo León ha cambiado. También cambió su infraestructura hidráulica, con obras estratégicas de gran calado como el segundo acueducto y la presa Libertad. La pregunta, entonces, no es si continuamos necesitando agua, la clave esté en si seguimos pensando el problema de la misma manera.
La lógica que aparece en el documento es bastante conocida. Se proyecta el crecimiento de la población, se calcula el aumento de la demanda y se buscan nuevas fuentes para satisfacerla. Para 2040 se estimaba una población metropolitana de 5.55 millones de habitantes y una demanda de 16.85 metros cúbicos por segundo. Frente a mayor demanda, mayor oferta. No es extraño planear el abastecimiento de una ciudad que crece. Sería irresponsable no hacerlo. Lo que sí vale la pena preguntarnos es por qué aumentar la oferta parece ocupar siempre el centro de nuestra imaginación hídrica.
Porque la gestión del agua también ocurre en otros lugares. Curiosamente, el mismo documento recuerda objetivos como preservar ríos, lagos, humedales, cuencas y acuíferos, mejorar la eficiencia de los organismos operadores, evitar pérdidas y promover un mejor uso de la infraestructura existente.
El contraste con el río Santa Catarina es difícil de ignorar. Podemos volver a imaginar una obra capaz de transportar agua durante casi 390 kilómetros y atravesar cuatro estados, mientras seguimos sin resolver qué tipo de protección queremos darle al río que atraviesa nuestra propia ciudad.
Ahora, lo anterior no significa que el proyecto Monterrey VI sea innecesario. Para llegar a esa conclusión habría que estudiar mucho más que un resumen de impacto ambiental. Pero su regreso sí permite hacer una pregunta bastante más modesta. Porque si vamos a recuperar un proyecto del pasado para atender el futuro, ¿no tendríamos primero que preguntarnos cuánto ha cambiado ese futuro desde que el proyecto fue concebido?