Investigar para transformar los negocios: ética, sustentabilidad y valor compartido
Quienes vivimos y trabajamos en Baja California sabemos que las decisiones empresariales rara vez se quedan dentro de los muros de una sola empresa. Una inversión, un cambio tecnológico o una modificación en la cadena de suministro puede afectar a trabajadores, proveedores, consumidores y, en general, comunidades de ambos lados de la frontera. Aquí, lo local y lo internacional se cruzan todos los días.
Las cifras ayudan a dimensionar lo que está en juego. De acuerdo con INEGI, en abril de 2026, Baja California concentró 17.3 por ciento de los establecimientos registrados en el programa de la Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación, la proporción más alta del país. Además, según datos de la Secretaría de Economía, durante 2024 recibió 2 mil 479 millones de dólares de inversión extranjera directa; Estados Unidos aportó 1,138 millones.
Conocer cuánta inversión llegó al estado es apenas el primer paso. El análisis se vuelve más complejo cuando se busca determinar cuánto de ese dinamismo fortalece a las empresas locales, mejora las condiciones de trabajo o genera capacidades tecnológicas propias. A ello se suman el consumo de agua y energía, el uso de materiales y los residuos derivados de la producción. Estas variables suelen analizarse por separado, aunque todas inciden en la competitividad de la región.
Una forma de observar esa dimensión ambiental es revisar el grado de cumplimiento y la inversión de las empresas en esta materia. Conviene, sin embargo, leer las cifras como una referencia histórica y no como una fotografía de la situación actual. De acuerdo con Data México, con información del Censo Económico 2019, en 2018 solo 22.5% de las grandes unidades económicas de Baja California cumplía, en promedio, con la norma ambiental; en la industria manufacturera, la proporción fue de 32.2%. Ese mismo año, apenas 11.3% de las grandes unidades económicas realizó inversiones en protección ambiental, principalmente para reducir el consumo de energía, disminuir los residuos generados en los procesos y ahorrar agua. Los datos muestran que algunas empresas ya destinaban recursos a mejorar su desempeño ambiental, pero también que el esfuerzo estaba lejos de ser generalizado.
Esto importa porque invertir en equipo, infraestructura o tecnología ambiental representa un compromiso distinto de una acción ocasional, puede modificar procesos y producir efectos duraderos. Sin embargo, la cifra por sí sola no cuenta toda la historia. La pregunta es si esos recursos se traducen en resultados verificables y forman parte de una estrategia sostenida. Ahí comienza la diferencia entre cumplir de manera aislada y transformar realmente la operación.
Conviene decirlo con claridad: ninguna empresa puede sostenerse sin rentabilidad y por ello la discusión no está ahí, aparece cuando parte de los costos de una decisión queda fuera de los cálculos de la empresa y termina trasladándose a trabajadores, comunidades o recursos naturales.
Ese es el punto difícil.
La sustentabilidad no elimina la necesidad de obtener ganancias. Amplía la mirada sobre cómo se generan, qué riesgos las acompañan y si las condiciones que las hicieron posibles podrán mantenerse. Conviene reconocerlo, no todas las decisiones responsables producen beneficios inmediatos y no toda iniciativa etiquetada como ESG transforma realmente una organización.
Desde esta perspectiva, cobra especial relevancia el Doctorado en Negocios de CETYS Universidad, orientado a formar profesionistas con capacidad de investigación y visión internacional para comprender la transformación digital y la sustentabilidad de organizaciones locales, regionales, binacionales y globales. No se trata solo de alcanzar un grado académico, sino de aprender a formular problemas, reunir evidencia y producir conocimiento aplicable a decisiones empresariales complejas —marcadas con frecuencia por presiones, información incompleta e intereses en tensión— y reconocer que medir no es lo mismo que transformar y que la reputación nunca sustituye a la evidencia.
Un doctorado en negocios debe explicar cómo crecen las organizaciones, pero también por qué algunas formas de crecimiento son más frágiles que otras. Para distinguirlas se necesitan investigadores capaces de contrastar evidencia, reconocer costos que no siempre aparecen en los balances y proponer soluciones viables. En Baja California, donde lo local y lo global se cruzan todos los días, esa mirada no es un complemento académico: es una manera más completa de comprender para transformar los negocios.
La Dra. Ingrid Kuri-Alonso es académica del Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades de CETYS Universidad e investigadora del Instituto INNSIGNIA de CETYS Universidad.