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Las 34 horas de Rocha

Isidro Aguado / Cambio de Ritmo
Isidro Aguado / Cambio de Ritmo Cambio de Ritmo

por Isidro Aguado Santacruz

25/08/2026 14:50 / Uniradio Informa Baja California / Columnas / Actualizado al 25/08/2026

"Todo hombre que tiene poder se inclina a abusar de él."

— Montesquieu

 


Treinta y cuatro horas con cincuenta minutos. Eso duró el regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa. Después de 112 días de licencia, el gobernador volvió a Palacio de Gobierno el viernes 21 de agosto y anunció que retomaba sus funciones. Poco más de un día después, solicitó nuevamente licencia. ¿Qué cambió en esas horas para que un regreso que parecía posible terminara siendo inviable?


No apareció, al menos públicamente, una resolución definitiva que modificara de manera sustancial el escenario. Tampoco las investigaciones que rodean al gobernador quedaron resueltas en ese breve periodo. Lo que cambió fue la dimensión política del problema. Mientras Rocha permanecía separado del cargo, la situación podía administrarse con cierta distancia. Su regreso obligó a todos los actores a tomar posición y convirtió nuevamente su permanencia en un asunto central para Morena y para el Gobierno federal.


El gobernador había construido su regreso como una decisión propia. Después de más de tres meses de licencia, consideró que podía reincorporarse y continuar al frente del Ejecutivo estatal. Pero en política una decisión puede ser legalmente posible y, al mismo tiempo, políticamente inconveniente. Esa diferencia fue precisamente la que apareció durante aquellas 34 horas.


La reacción fue rápida. Desde la dirigencia política del país se hizo evidente que su regreso no era considerado conveniente y distintas voces dentro de Morena comenzaron a marcar distancia. El problema ya no consistía solamente en determinar qué ocurría con las investigaciones, sino en decidir si era sostenible que Rocha Moya retomara plenamente las funciones de gobernador mientras permanecían abiertas las interrogantes que habían acompañado su separación.


Durante los meses anteriores, la licencia había funcionado como una especie de espacio de contención. Permitía que las investigaciones avanzaran, que las instituciones hicieran su trabajo y que el Gobierno estatal continuara operando sin tener al gobernador en el centro de cada discusión. Su regreso rompió ese equilibrio. Volvió el personaje y con él regresaron las preguntas.


¿Qué sabía Rocha Moya cuando decidió volver? ¿Quién consideró que su regreso era conveniente? ¿Con qué respaldo político contaba? ¿Pensó que la distancia de 112 días había reducido el costo de su reincorporación? Son preguntas que pertenecen al terreno político y que difícilmente pueden responderse únicamente desde un expediente administrativo.


Porque una cosa es tener la facultad de regresar y otra contar con las condiciones para gobernar.


Ese es probablemente el elemento más importante de este episodio. El poder público no descansa exclusivamente en las atribuciones que establece una Constitución. También depende de acuerdos, confianza, interlocución y capacidad para construir consensos. Un gobernador puede conservar formalmente todas sus facultades y, sin embargo, descubrir que el margen político con el que contaba antes de separarse ya no existe.


Eso fue lo que las 34 horas hicieron visible.


También es necesario separar responsabilidades. Las investigaciones no equivalen a una condena y los señalamientos no sustituyen una resolución judicial. En un Estado constitucional, la presunción de inocencia debe respetarse independientemente del cargo que ocupe la persona investigada. Ninguna presión política puede convertir una sospecha en una sentencia.


Pero la política tiene tiempos distintos a los tribunales. Una investigación puede tardar meses o años en concluir; la confianza política puede perderse en cuestión de horas. Por eso no resulta contradictorio sostener la presunción de inocencia y, al mismo tiempo, reconocer que un servidor público puede encontrarse frente a una crisis de gobernabilidad.


El problema de Sinaloa se encuentra precisamente en ese punto de encuentro entre la responsabilidad institucional y la viabilidad política.


La nueva licencia volvió a colocar al Congreso estatal frente a la necesidad de garantizar la continuidad del Poder Ejecutivo. Las instituciones tienen que seguir funcionando independientemente de las circunstancias personales de quien ocupa temporalmente un cargo. El gobierno no puede quedar suspendido porque un gobernador se encuentre en medio de una controversia política.


Y esa debería ser una de las principales lecciones de este episodio.


Los cargos públicos son temporales; las instituciones no.


Un gobernador puede solicitar licencia, regresar y volver a separarse. Puede cambiar el titular provisional del Ejecutivo y pueden modificarse las alianzas políticas. Pero la obligación del Estado permanece: garantizar seguridad, gobernabilidad y funcionamiento institucional.


Sinaloa no necesita únicamente resolver quién ocupa el despacho. Necesita recuperar la confianza en lo que ocurre dentro de él.


Porque detrás de las licencias y de las disputas políticas existe una sociedad que observa. Una sociedad que enfrenta problemas de seguridad, incertidumbre y desgaste institucional y que difícilmente puede sentirse tranquila cuando quienes deben conducir el gobierno parecen estar atrapados en una disputa sobre quién puede o no puede ejercer el poder.


Las 34 horas de Rocha Moya son, por eso, mucho más que una anécdota política.


Revelaron la distancia que puede existir entre la autoridad formal y la autoridad real. Mostraron que regresar a un cargo no significa necesariamente recuperar las condiciones políticas que permiten ejercerlo. Y demostraron que, en ocasiones, una decisión individual puede obligar a todo un sistema político a reaccionar.


Durante 112 días hubo licencia.

Después hubo regreso.

Y 34 horas más tarde, otra licencia.


La secuencia dice algo que merece ser observado con atención: el poder no solamente se obtiene mediante una elección. También se sostiene mediante confianza, acuerdos y capacidad para ejercerlo.


Rocha Moya volvió a la gubernatura.

Pero su regreso duró apenas 34 horas.


Y quizá esas 34 horas fueron suficientes para demostrar que, en política, tener el cargo no siempre significa conservar el poder.


Adaptarse al compás de la vida no es tarea sencilla; en Cambio de ritmo, intento no perder el paso. Que tengan un excelente inicio de semana lector@s.