11/09/2026 09:11 / Uniradio Informa Baja California / Columnas / Actualizado al 11/09/2026
Son las dos de la tarde y estoy esperando mi próxima cita de trabajo. El posible cliente sugirió reunirnos en un café local que, desafortunadamente —y sin anticipar que atravesaríamos una histórica ola de calor septembrina—, no cuenta con aire acondicionado. Solo hay un par de abanicos de techo girando a marchas forzadas y ningún vaso, por más retacado de hielos que esté, logra disipar la bochornosa realidad: Tijuana ronda los 40 grados centígrados.
Para una ciudad costera acostumbrada a la brisa del Pacífico y a veranos amables, esto no es solo un malestar pasajero; es un choque térmico e institucional. Septiembre solía ser el mes del otoño incipiente, pero hoy la frontera norte enfrenta días consecutivos de temperaturas extremas que bordean récords históricos. Y cuando el clima aprieta, las costuras de la infraestructura pública y privada terminan por reventar.
Efecto dominó: el colapso en cadena
El problema de una ola de calor no es solo sudar la camisa en una junta de negocios; es la vulnerabilidad sistémica que desencadena en los servicios básicos:
- El 'blackout' por saturación: La Comisión Federal de Electricidad (CFE) vuelve a quedar sobrepasada. Miles de aparatos de aire acondicionado y ventiladores encendidos en simultáneo botan las pastillas, sobrecalientan transformadores y provocan apagones masivos en cientos de colonias. A esto se suma cómo la ola de calor ha dejado al descubierto las mañas y trampas de varias desarrolladoras inmobiliarias, que durante años construyeron vivienda vertical y fraccionamientos con los materiales más económicos e insufribles, sin el mínimo aislamiento térmico ni previsión para este tipo de condiciones.
- El círculo vicioso del agua: Sin energía eléctrica constante, las plantas de bombeo de la CESPT dejan de operar o se reinician para evitar fallas catastróficas. La consecuencia directa es que, justamente cuando más se necesita el vital líquido, miles de hogares en las zonas altas de Tijuana quedan desabastecidos de agua.
- La trampa de la falta de adaptación: Hay que decirlo con claridad: Tijuana no es Mexicali, ni Hermosillo, ni Phoenix. Aquellas son ciudades acostumbradas al desierto extremo, con infraestructura y habitantes preparados para la batalla térmica. Aquí nos pasa lo mismo que a un Husky Siberiano cuando lo trasladan al desierto de Sonora: la falta de adaptación convierte al clima en un peligro doblemente letal. Los hogares no tienen aislamiento, los comercios no tienen ventilación adecuada y la gente simplemente no está habituada a protegerse de estas temperaturas. No por nada las autoridades y directivos en escuelas públicas y privadas se han visto en la necesidad de suspender clases ante la falta de energía eléctrica, la nula ventilación y la ausencia de condiciones climatológicas mínimas para cuidar a los alumnos.
Los más vulnerables y la empatía pendiente
En este escenario de asfalto hirviendo, la peor parte no la llevamos quienes podemos buscar refugio en un lugar climatizado o pedir un café helado. Los trabajadores de la construcción, el personal de limpia, la población en situación de calle y, sobre todo, los adultos mayores enfrentan riesgos reales de golpe de calor e hipertermia. Se los digo de manera directa: la semana pasada tuve la oportunidad de visitar asilos y albergues como El Poder de Dios y Casa Rafah en la colonia Sánchez Taboada de Tijuana, o el asilo de ancianos Nursing Home en el Ejido Matamoros, y es conmovedor e increíble ver cómo el personal a cargo hace hasta lo imposible para que este bochorno tan agresivo sea más llevadero para nuestros adultos mayores.
Y junto a ellos, hay otro grupo que suele quedar por completo fuera de la ecuación institucional: las mascotas y los animales en situación de calle. Con un pavimento que alcanza temperaturas capaces de provocar quemaduras graves en sus huellas y sin fuentes públicas de agua, los animales son las víctimas silenciosas de estas anomalías climáticas. Poner un recipiente con agua fresca afuera de nuestras casas o negocios deja de ser un gesto menor para convertirse en una medida de supervivencia.
El cambio climático dejó de ser una proyección teórica de los libros de texto para transformarse en la interrupción diaria de nuestra rutina, nuestro trabajo y nuestros servicios esenciales. Si las autoridades, las empresas y las desarrolladoras no empiezan a planear la ciudad bajo la premisa de que los 40 grados ya son una posibilidad real en Tijuana, seguiremos atrapados en el mismo ciclo: derretidos, sin luz, sin agua, esperando que el viento del mar nos venga a salvar... o atenidos a algún comerciante informal y brillante, que hizo su agosto revendiendo abanicos a sobreprecio por el marketplace de alguna red social.